Contexto

Como saben con esta fiesta concluye el tiempo de Navidad.

¿Qué tiene que ver el Bautismo de Jesús con su nacimiento? La Navidad no es meramente el tiempo del nacimiento de Jesús, sino de las teofanías o manifestaciones del Señor. Si entendemos la Navidad así, comprendemos que la fiesta del Bautismo del Señor está en armonía con esa teología, pues es la manifestación de Jesús, a quien el Padre proclama solemnemente su Hijo predilecto y lo unge con el Espíritu.

Para esta fiesta, tenemos dos opciones de lecturas: un formulario común a todos los ciclos (Is 42,1-4,6-7; Sal 28; Hch 10,34-38) y el propio del ciclo B (Is 55,1-11; cántico interleccional Is 12,2-3; 1 Jn 5, 1-9) con la perícopa de Mc 1,7-11.

Reflexionemos

En el formulario común de lecturas el profeta Isaías anuncia la elección y consagración que Dios hace con su Espíritu de su Siervo y S. Pedro nos dice que ese elegido y ungido por el Espíritu es Jesús.

En el formulario del Ciclo B, el Señor por boca de Isaías dice algo que nos puede ser muy útil al comienzo del año y después de haber terminado uno tan difícil. ¿Por qué gastamos dinero, tiempo, etc. en cosas que no valen la pena? ¿Caímos en cuenta que los planes de Dios son distintos a los nuestros, o todavía no? (cf. Is 55,2.8s.) Cuando todo el mundo esté vacunado, al menos el porciento necesario, para controlar la pandemia del COVID-19, ¿habremos aprendido a enfocarnos en lo que es verdaderamente esencial en la vida o volveremos a las mismas de antes?

Nos habremos dado cuenta de lo que dice S. Juan: que el que cree es el que vence al mundo, las pandemias y cualquier otro reto personal o social? (cf. 1Jn 5,5).

Las referencias a las aguas y la fe en las lecturas y el salmo, junto con la somera narración de Marcos sobre el Bautismo de Jesús en el Jordán dan un toque, diría que pascual, a esta celebración. No perdamos de vista que esa es la meta. El Hijo de Dios se hizo hombre para llegar a padecer, morir y resucitar por nosotros. Si la Pascua no se pueda dar sin Navidad, ésta no tendría sentido si no tuviera como meta la Pascua.

¿Qué hay de común entre la Navidad y el Bautismo de Jesús? Además de ser manifestaciones, ambas implican un abajamiento del Hijo de Dios. Primero se humilla haciéndose hombre, luego poniéndose en la fila, como otro pecador. Primero se somete a sus padres humanos, ahora se somete a su precursor para ser bautizado. Primero es recostado en un pesebre, ahora se sumerge en las aguas, el que es más puro que ellas y de cuyo interior brotan los torrentes de Agua Viva. En fin, en ambas fiestas se conjugan la manifestación y la humildad del Dios encarnado, algo que parecía imposible: manifestar la gloria en la humillación. Finalmente se humillará en su pasión, pero será coronado de gloria en la resurrección.

Su vida pública comenzará por una prolongación de su infancia y juventud oculta al ir cuarenta días al desierto, donde se someterá a la penitencia, el hambre, la sed y la tentación antes de comenzar su predicación oral, pues ya todos estos gestos son una elocuente predicación.

A modo de conclusión

Al comienzo del año la voz del Señor por Isaías resuena en nuestros oídos: “Escúchenme atentos…Inclinen el oído, vengan a mí, escúchenme y vivirán.” (Is 55,2s.). Israel muchas veces no oyó a su Dios. No seamos sordos a la voz de Dios, demostrémosle que aprendimos la lección del año pasado y que este año será realmente uno D.C., no después del COVID, sino después de Cristo, que es quien da sentido a la historia.

 

Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes

Para El Visitante

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