Una canción del grupo ‘Materia prima’ enfatiza que el futuro de la pareja casada depende, en último término, de ellos dos. Para subir al Cielo se necesita una escalera grande y otra chiquita. Vienen bien las ayudas que serán como el cuerpo asesor que acompaña a la pareja en su lucha por superar obstáculos y conseguir nuevos frutos. Pero al final la decisión es de ellos dos.

Agradecemos, sin duda, la cantidad de ayudas de todo tipo que han surgido para acompañar a los casados. Tenemos sicólogos y terapias de todo tipo: para la vida íntima, la crianza de los hijos, saltar los obstáculos de la comunicación, analistas financieros, talleres de acompañamiento espiritual, etc. Sobre todo, eso, el recurrir a ayuda divina, como dice el salmo: “¿De dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor que hizo el Cielo y la Tierra”. Pero en el último análisis todo será cuestión de dos. Se puede llevar al caballo al río, pero no se le puede hacer beber.

Sufro cuando ella se esmera porque él entienda que ella lo ama, lo desea, y se topa con la indiferencia del otro. Busca ella ayudas. De nada valen si el otro no entra en el juego de la búsqueda. Hacen falta dos para el tango. Y entramos aquí en el misterio de la libertad humana. Hay historias de película. Como esta pareja que fueron novios durante años, pero, al separarse por estudios, se olvidaron. Luego ella, ya divorciada de otro matrimonio, se lo encuentra y renace la pasión de toda su vida. Se casan y viven juntos algunos años; ella se tranca; lo divorcia a la brava y con mucho dolor para él. Él entra en matrimonio con otra persona, y entonces ella enloquece de rabia contra sí misma por haberle perdido. ¡Vale para novela turca! O para aquello de que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

Es una cuestión de dos, “es cuando anochece y ves el sol; es la playa y es el mar; es de todo un poco y algo más… Tú eres la trampa y yo tu cebo, yo soy tu leña y tú mi fuego…”. Recuerdo las palabras del Eclesiastés: “Hay tiempo de amar y tiempo de odiar; tiempo de tirar piedras, tiempo de recoger piedras…”. La realidad es binaria, es el positivo y el negativo; es la ola y la arena humedecida; es el cóncavo y el convexo; dialéctica que en el choque de tesis- antítesis produce la síntesis. Sin esos dos polos no hay electricidad. Sin el deseo de la pareja de trabajar la relación, de sumarse mutuamente las maravillas que cada uno posee, no se da el milagro de la pareja feliz, complementada. Es el trabajo mutuo y continuo de ambos. Es lo que de muchas formas predicamos a la pareja: “El matrimonio es tarea por hacer”.

Me emociona aquella pareja que había llegado al deterioro y podredumbre total, al dedicarse él a sus aventuras adúlteras en vacío total de la relación con ella. Cuando explota todo, y el Espíritu logra el milagro. Cuando él reconoce que sus errores eran porque ya no veía nada agradable en ella, no había amor, pero lo vislumbra y recupera… Cuando en ese momento le confiesa: “Me doy cuenta de que en realidad la mujer de mi vida eres tú; si me das la oportunidad, te lo voy a demostrar”. Y ella da ese paso de avance en medio del dolor de la traición… comienzan ambos el ascenso al logro de un matrimonio madurado. Era una cuestión de dos.

Animando San Agustín al trabajo de la perfección cristiana exclamaba: “El que te creó a ti sin ti, no te salvará a ti sin ti”. Es una cuestión de dos. “Es cruzar los dedos por tu amor; una caricia y un deseo, ser de tu boca el caramelo…”. Es la poesía del canto. Es la pareja que, como Colón, se lanza al riesgo del mar tenebroso, luego de estudiar las posibilidades de triunfo y encarar lo que venga para triunfar. Encuentra, no lo que él había soñado, sino un mundo nuevo, mejor, repleto de más posibilidades de las que el soñó: América, con la asombrosa muchedumbre de culturas milenarias…

P. Jorge Ambert, S.J.

Para El Visitante

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