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Comienza la Cuaresma, los 40 días en los que los laicos estamos llamados a la conversación espiritual y a la penitencia, en donde a través de estos días, la Iglesia nos prepara para meditar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Papa Francisco para la Cuaresma 2016, expresó firmemente que es un tiempo “a nuestro favor” para salir de la indolencia y dar las gracias a la Palabra y a la acción misericordiosa. “Hija Mía, en esa hora procura rezar el Vía Crucis y la oración, en cuanto te lo permitan los deberes”, (Diario, 1572). 

Este tiempo lleno de reverencia, comienza con la Misa del Miércoles de Ceniza en donde se bendicen e imponen en la frente de los laicos la ceniza preparada de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año pasado. La ceniza, como signo de humildad y penitencia, nos recuerda nuestro origen y nuestro fin: “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gn 2,7); “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19). 

Es que cuando entendemos las citas del Capítulo de la Biblia de Génesis, podemos valorar y entender lo que en este tiempo podemos aplicar a través de las obras de la misericordia y del vínculo tan sublime que podemos llegar a sentir con Jesús Misericordioso. La limosna, el ayuno y la oración son ofrendas que el propio Jesús Misericordioso nos ha pedido con absoluta Misericordia, no para el aplauso del público, sino para el vínculo que Él desea que hagamos con su Sagrado Corazón. Cada gesto que hacemos nos acerca más puramente a Él y nos permite traducir la Divina Misericordia en obras de Misericordia. “La misma Santa Faustina solía practicar todas estas ofrendas en secreto, pero en su vida monástica sabía que se sentía más y más unida con Jesús. En esta contemplación no experimento arrebatos del corazón, sino una paz profunda y un singular recogimiento interior”, (Diario, 1335).

¡Que hermoso regalo divino! De hecho, sepan que cuando intentó dejó de hacerlo, Jesús Misericordioso no la dejó tan fácilmente porque esto llevaba a desenvolvimiento de un vínculo profundo con Él, a vivir la cotidianidad junto con Él. ¡Estamos llamados a ese vínculo! ¿Estamos listos para el mismo en este tiempo de conversación? “Dios me dio a conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz cómo demostrárselo en la práctica. El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios. Para demostrar a Dios el amor en la práctica, es necesario que todas nuestras acciones, aún las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios”, (Diario, 279). 

En nuestra vida cotidiana a veces no sabemos por dónde empezar a ayunar, a dar limosna y a orar. ¡Tome acción, no deje que el sedentarismo espiritual le gane! La oración del corazón es la que más agrada al corazón, porque es la más pura. María, Reina de las Conversiones Mayores y de la Misericordia hace esto posible. La limosna, en cualquier momento del día podemos darla a una persona necesitada o hacerlo en anónimo. 

Cuando decidimos ayunar, podemos ayunar de las mismas cosas que vemos en lo cotidiano, como, por ejemplo: ayunar del enojo, tristeza, egoísmo, pesimismo, falta de confianza o preocupaciones. Estos tres elementos nos guían de manera directa a la conversión a la Misericordia y al vínculo que el propio Jesús deseaba con Santa Faustina. “No existe un gozo mayor que el amor de Dios. Ya aquí en la tierra podemos gustar la vida de los habitantes del cielo por medio de una estrecha unidad con Dios, misteriosa y a veces inconcebible para nosotros. Se puede obtener la misma gracia con la simple fidelidad del alma”, (Diario, 507). 

Nadie dijo que la conversación era fácil, es dejar un hombre o una mujer con malos hábitos terrenales y espirituales para dejarse moldear en lo que Jesús desea que te conviertas. ¿Como soltamos y nos desprendemos? Pidiéndole una segunda oportunidad, y una segunda dádiva de Misericordia a nuestro propio Jesús. Su amor por nosotros es tan grande y por nuestra conversación que Él sale a nuestro encuentro porque Él mismo es la misericordia misma. “Deseo tenerte en mis manos como un instrumento idóneo para cumplir mis obras”, (Diario, 1359). 

Siendo Él Misericordia misma, Él nos regala como tabla de conversión el Rezo de Coronilla de la Divina Misericordia. “A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero” (Diario, 1320). 

La Cuaresma, la conversión y la Misericordia son regalos sobrenaturales que Jesús nos da para meditemos acerca del sacrificio que por amor Él hizo por nosotros, de la oportunidad que Él nos da todos los días de vincularnos a su rio de Misericordia y de paz, y sobretodo que le abramos al corazón sin miedo para que Él rompa cadenas que solo él puede romper. 

La Devoción de la Divina Misericordia en Cayey les exhorta que acojamos este tiempo para abrir nuestro corazón y culminar siendo transformados por la Misericordia de Dios. Recuerden que la Misericordia no es un sentimiento ocasional y distante, es siempre. ¡Queden con la paz de Santa Faustina de la Divina Misericordia!

Dra. Maricelly Santiago Ortiz 

Para El Visitante