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Cuaresma 2024: ¿De qué conversión se trata?

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Iniciamos el santo tiempo de Cuaresma. Cuarenta días caminando por un desierto espiritual hasta llegar a la Pascua. Este desierto es símbolo de despojo, de silencio, de escucha, de conversión, en una palabra. Se trata de volver al amor primero. Por lo mismo, es símbolo de oración, de crecimiento y de liberación. Es tiempo de dejarse llevar por el Espíritu, como Jesús.

Pero, ¿de qué conversión se trata? De la de siempre: volver a Jesús, volver al Dios de Jesús. Colocar a Jesús en el centro de la Iglesia, de nuestras parroquias y comunidades cristianas.

El Papa Francisco ha venido insistiendo en el peligro de pretender “ser cristianos sin Jesús”. Lo expresa con rotundidad en una de sus homilías en Santa Marta: “La Iglesia ha de llevar a Jesús: este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”. Hay una convicción muy generalizada, con la que me identifico, que la verdadera conversión que necesita la Iglesia, no llegara por la vía institucional: decretos emanados desde Roma o de los planes elaborados en las curias diocesanas. Todo eso es muy importante y conveniente. Pero, la verdadera renovación llegara, sobre todo, a través de los seguidores de Jesús impulsados y confiados en la fuerza del Espíritu. Es en el pueblo de Dios que sufre, reza, y a veces calla, donde se encuentra lo mejor de la Iglesia, lo mejor de nuestras parroquias.

La Christifideles Laici tiene una expresión muy feliz cuando dice que “la parroquia es la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. De esta conversión se trata. 

Dice el evangelista San Juan: “igual que el Padre me ha enviado, así́ los envío yo a ustedes. Dicho esto, soplo y les dijo: reciban el Espíritu Santo”. Vayamos por todas partes y seamos sembradores de esperanza en un mundo cansado y triste. Nuestras pastorales a veces parecen más bien pastorales del “vengan” que del “vayan”. El Espíritu esta siempre en la Iglesia empujándola fuera de sí misma hacia la misión. Mas aun, la Iglesia y, en concreto, nuestras parroquias y comunidades adquieren su propia identidad en la misión evangelizadora. 

Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia de criterios tanto de parte católica como de parte protestante. Así́ se expresa un prestigioso teólogo de la Iglesia Evangélica: “una comunidad que no actúa en forma misionera no es una comunidad dirigida por el Espíritu Santo”, (E. Schweizer). De forma similar se expresa San Pablo VI cuando dice: “la Iglesia no es para sí misma. Evangelizar constituye la dicha, la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”. Es el mismo Espíritu que la impulsa a estar al servicio del Reino, la gran pasión que animo la vida de Jesús de Nazaret y que, también, debe animar la nuestra.

Sin esta pasión por el Reino de Dios que es justicia, que es paz, que es solidaridad, que es compasión, que es perdón, que es misericordia… no puede haber verdadera conversión. Y, ¿dónde queda la cuaresma tradicional que nos habla de ayuno, de mortificaciones voluntarias, del ejercicio del Vía Crucis y otras prácticas? ¿Se elimina? ¡Absolutamente, no!

La Cuaresma 2024 que comenzamos no puede ser una fatigosa repetición de ritos y ejercicios piadosos. Conservamos las tradiciones religiosas, pero, les daremos más espíritu. El gran pensador católico Bernanos dijo: “Lo contrario de un pueblo cristiano es un pueblo de viejos”. Si el Espíritu faltara, la Iglesia se volvería miedosa, fea y regañona.

  • En esta cuaresma, ¿cómo no?, reza, pero, “en espíritu y verdad” (Jn 4, 24). Ora, escucha y agradece. 
  • En esta cuaresma, ayuna. Te hará bien, pero, no te olvides ayunar de egoísmo, vanidad y envidias. “Seamos islas de misericordia en medio del mar de indiferencia”. Ayuna, pero, come el pan de la Eucaristía. Hazte 

pan, o mejor, déjate comer.
•    En esta cuaresma, ama. Si quieres seguir a Jesús hasta la cruz, amaras, 

como Él, hasta la muerte. Decía un viejo profesor: a Dios no le damos nada hasta que no le damos todo. En definitiva, mira a Jesús. “Ten los ojos fijos en El”, (cf. Hb 12,2). 

P. Juan Martínez Ruíz, Salesiano 

Para El Visitante