Escuchen una conversación entre unos católicos que no frecuentan mucho a la Iglesia:
“Óyeme…tengo que bautizar a mi nene. ¿Cuánto tú crees que me cobran?” “Pues, yo creo que eso depende del Cura y la parroquia…, vete a la Iglesia que queda en la calle Del Río. Ahí me dicen que hay un cura buena gente”.
¡Entonces, parece ser, que todo depende si el Cura es buena gente o no…! Impresiones semejantes abundan en la realidad de la religiosidad popular. Y sentimientos como estos no son fáciles de cambiar, excepto en el proyecto de una ‘Nueva Evangelización”. Fue San Juan Pablo II quien en suapertura de la IV conferencia de los Obispos de Latinoamérica, en Santo Domingo, en el 1992, señaló:
“Necesitamos una Nueva Evangelización, nueva en sus métodos, nueva en su ardor y nueva en su expresión.”
Ese esfuerzo pastoral de renovación eclesial ha sido lo que ha caracterizado la experiencia de la Iglesia en Latinoamérica, hasta el presente. De ahí surgió la práctica actual de preparar al Pueblo de Dios, con cursos, retiros y ejercicios espirituales para la recepción de los Sacramentos. Ha sido un proceso lento y difícil, pues el Pueblo de Dios, muestra resistencia a tomar esos cursos. La práctica continua, pero mayormente es por un ‘cumplir con la obligación’, no un empeño voluntario de conversión. Se podría decir que hoy en día, ese sigue siendo uno de los desafíos más grandes en toda la experiencia de la fe católica. Para nuestro pueblo Hispano, la fe es como algo ‘heredado’, parte de la tradición.
Añadiendo a esto, el pueblo le ha atribuido consecuencias a la falta de no estar bautizado. Por ejemplo, cuando un bebé sale muy enfermizo, lo familiares comentan, “Pero es que no lo han bautizado todavía”. ¡Como si el bautismo fuese la razón de salud de una criaturita inocente! Son actitudes ancestrales que se han transmitido de generación en generación. Lo importante en la pastoral actual es seguir caminando con el pueblo, reconociendo que la fe católica es muy parte de su vida. Son los miembros de la parroquia, (los que se supone que estén mejor informados), los que muchas veces les explican a otros familiares cuáles son los requisitos para recibir los Sacramentos en este momento. No, no todos van a estar conformes, pero se debe reconocer que ese proceso de la nueva evangelización es lento y delicado.
Un factor histórico interesante, es que, durante la colonización española, los sacerdotes y misioneros eran económicamente sostenidos por el gobierno y sus Congregaciones Religiosas. Esa era la razón por qué el Pueblo le llamaba ‘la limosna’ a la ofrenda dominical. Una limosna es algo voluntario y no obligatorio. Sigue siendo todo un proyecto de educación del Pueblo, para cambiar esa mentalidad. Ayudar a los fieles a sentir que ‘esa parroquia es mía y como tal me toca mantenerla’. Como todo en la vida, cuando es cuestión de dinero, la actitud cambia. De ahí, que el proyecto de conversión personal no es solo en lo referente a la fe, … ¡pero también al bolsillo! Se podría sugerir como ayuda personal, que cada uno mire de cerca su sentir y pensar en la cuestión de su contribución al sostén financiero de su parroquia. Y como decía el famoso artista de antaño, Cantinflas, “¡Ahí está el detalle!”
Y el detalle, por supuesto, es que el sacerdote diocesano, depende grandemente de la generosidad de su feligresía. Nótese la diferencia en una parroquia servida por sacerdotes religiosos, o sea que pertenecen a una Congregación Religiosa. Usualmente, los religiosos misioneros son ayudados personalmente por su Congregación. No todos los católicos están conscientes de esa realidad. Sea la situación cual sea, lo que es inevitable es la necesidad de considerar la generosidad económica de cada uno de los asisten a la Iglesia. También se podría hacer mención, que cada uno se entere quienes son los sacerdotes que pastorean su comunidad parroquial. ¿Son Diocesanos o Religiosos? Es que el pastoreo en cada parroquia es distinto, dependiendo de quienes son los que sirven al pueblo.
La ofrenda económica que cada feligrés aporta es una muestra de un compromiso de fe. No es algo desconectado con la piedad o devoción personal. En algunas parroquias, se publica semanalmente la cantidad de dinero que se recogió la semana anterior. Esto no solo muestra la transparencia financiera del Párroco, pero también sirve de estímulo en crear una mentalidad de corresponsabilidad en cada uno de los miembros de la comunidad parroquial. Otra costumbre muy alentadora, es el informe financiero que se publica cada año. Cada feligrés puede pedir un informe financiero de sus aportaciones durante el año que le ayude en su tabulación cuando reporte sus gastos e ingresos en la tablilla anual del ‘income tax’. La gran mayoría no están conscientes de esa ventaja.
En resumidas cuentas, es imposible vivir la fe en una comunidad parroquial, sin tomar en consideración toda la dimensión financiera que la sostiene. Entonces, ese conocido, ¿cuánto me cobran?, se cambia a, “¡Gracias Padre (o Diácono), reciba esta pequeña ofrenda como expresión de nuestra gratitud!”



