Este es el segundo artículo de una serie creada por la Comisión Arquidiocesana de Catequesis (ComArCa), con motivo de 60vo aniversario del Concilio Vaticano II. ComArCa acompaña el caminar de los y las catequistas de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. Con estos artículos queremos actualizar y profundizar en la vida y el hacer de nuestra Iglesia local como fue el deseo de los padres conciliares, es decir bajo la inspiración y el aleteo del Espíritu Santo.
La catequesis es una de las formas de servicio a la Palabra de Dios y se inscribe dentro del ministerio profético. Es una acción eclesial, destinada a los miembros de la comunidad cristiana que han recibido el anuncio de fe, también llamado primer anuncio o kerigma, y han optado por ella. Por medio de la catequesis se transmiten los hechos y las palabras de la Revelación de Dios a través de la proclamación y narración; se esclarecen los misterios de fe; se interpretan los signos de los tiempos y la vida de los hombres y mujeres a la luz de la revelación de Dios, ya que en ellos se realiza el designio de salvación cumplida por el Hijo de Dios hecho hombre. Ella busca profundizar los conocimientos de origen y raíz de nuestra fe, consolidarlos y, paralelamente, guiar a los fieles hacia la santidad, haciendo posible el mandato del Señor “sean santos como su Padre del cielo es Santo” (Mateo 5, 48). Como nos recordara el Papa Benedicto XVI, «el fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo Él puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad» (Verbum Domini 74). La catequesis está orientada a formar personas que conozcan cada vez más a Jesucristo y su Evangelio de salvación liberadora, que vivan un encuentro profundo con Él y que elijan su estilo de vida y sus mismos sentimientos (Cf. Flp 2,5), comprometiéndose a llevar a cabo, en las situaciones históricas en las que viven, la misión de Cristo, es decir, el anuncio del Reino de Dios.
Reconociendo que el propósito de la catequesis es llevar al conocimiento profundo de la fe, esto es, introduce al conocimiento de la Sagrada Escritura y de la Tradición viva de la Iglesia, promueve el conocimiento del Credo; ella inicia en la celebración del Misterio, comprensión y experiencia de las celebraciones litúrgicas, los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia; educa en el seguimiento del Señor de acuerdo a lo descrito en las Bienaventuranzas; también nos educa a la oración haciendo que esta sea orar con Jesús y como Él nos ayuda a desarrollar un sentido de pertenencia a la Iglesia.
Con lo dicho hasta aquí, todo cristiano debe responder a su misión en la Iglesia y la tarea principal en ella es hacer resonar el Evangelio, es decir la persona de Jesús. Por ello, todos estamos en un proceso de catequesis permanente. El tema del siguiente artículo versará sobre la Palabra de Dios como una de las Fuentes de la Catequesis.



