Fueron muchas las vivencias de la delegación de Mayagüez en dos semanas, tantas que necesitaría
un libro para ponerlas todas. Esta crónica es para los que no estuvieron con nosotros; tengan un
pedazo de nuestro camino de esperanza.
Un año de preparación y muchos sueños que parecían inalcanzables fueron la gasolina de los peregrinos rumbo al Jubileo de Jóvenes en Roma. Ese 21 de julio en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín daba inicio una aventura de fe.
Una de las visitas más esperadas por los jóvenes era ver al San Francisco de la actualidad y también
llamado el primer santo milenial, el beato Carlo Acutis. Frente a su cuerpo incorrupto, las lágrimas
no se hicieron esperar; cada persona tocaba su tumba y dejaba sus intenciones con gran devoción,
rogando por un milagro.
En la noche las ganas de la aventura seguían ardiendo y esto impulsó a una segunda ida a Asís.
Para finalizar la noche en oración, se rezaron las vísperas frente a la Basílica de San Francisco de
Asís. Ya estaba cerrada, más las ganas de orar eran superiores. Entre cánticos y alegría, finalizo la
aventura en Asís.
Ahora tocaba la visita al milagro eucarístico de Lanciano. Un momento especial estar ante un
pedazo del corazón de Jesús. Fue tanta la fe que movió a muchos a doblar su rodilla y apreciar uno
de los momentos más bonitos, ver una juventud que ama a Cristo.
Luego de una semana de peregrinación, los jóvenes se dirigen a Roma, destino final de la peregrinación. Iban encaminados a tomar la misa en el Vaticano; aquí sería la apertura del Jubileo de Jóvenes. La fila para entrar al Vaticano era kilométrica. Había un chiste recurrente mientras esperábamos: “Faltan 10 minutos… Para llegar a la otra acera”. Después de 2 horas de fila entraron a tiempo y participaron de la misa de apertura. La mayor sorpresa llegaría momentos después de la comunión. El papa León XIV hizo una aparición que muy pocos esperaban. En los rostros de los jóvenes se veían las expresiones de alegría; no se creían lo que estaban viviendo.
Un nuevo día llegó ya cargado de expectativas, pues tocaba audiencia general con el papa. Ya eran
más de las 7 am y, como dice el refrán, “Al que madruga, Dios lo ayuda”, y la delegación de
Mayagüez estaba en primera fila para saludar al papa. Como era de esperar, el papa León XIV hizo
su típico paseo en el papamóvil por la plaza de San Pedro y dio la bendición apostólica.
Al día siguiente los boricuas dejaron su marca en la Basílica Santa María la Mayor. Aquí se celebró
la misa boricua en honor a la Virgen de la Providencia, en la cual asistieron más de 800 puertorriqueños. Es emotivo tomar misa en una basílica muy visitada en Roma, más ahora que se encuentra el cuerpo del papa Francisco.
Ya está llegando el final de esta travesía, es 2 de agosto y van camino a Tor Vergata para vivir la
experiencia de la vigilia, el evento más importante del Jubileo de Jóvenes. Más de una hora caminando, un sol abrazador y ya el cansancio acumulado, pero llegaron al lugar del evento a las 11 am. Cerca de las 7 pm, el papa León XIV llegó a recibir a todos los jóvenes peregrinos de esperanza. Como no podía faltar dejó sus bellas palabras inspiradas por el Espíritu Santo que alimentan al alma joven y mueve los corazones. Continuó con una exposición al Santísimo, el silencio era sepulcral. Más de un millón de personas admirando y contemplando con fe el cuerpo de Jesús.
Después de una noche bendecida, de lloviznas y dormir en el piso, salió el sol y era momento de
tomar misa con papa León XIV. La misa dio inicio a las 9 am y ha sido una de las experiencias más gratificantes para la vida de muchos. Vivir una misa con más de un millón de personas, escuchar cada oración en distintos idiomas y saber que, aunque nos separan el idioma y la cultura, hay una fe que nos une.
Después de esta jornada tan larga y con tierra hasta debajo de la nariz, volvimos al autobús que nos llevó al hotel y con esta vuelta también significaba recoger maletas, pues era la última noche en Roma. Llegada a su fin la travesía, tocaba volver a Puerto Rico con el corazón lleno de esperanza y así como nos encargó papa León XIV, ahora empezaba una nueva peregrinación para llevar este mensaje de fe.

Crónicas de una peregrinación de fe en el Jubileo de Jóvenes en Roma
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