Ante un Jerusalén atribulado por su caída y derrumbe a mano de Babilonia, Jeremías le promete un Mesías que es Rey, por venir de la estirpe de Judá, que restituirá a la ciudad de Jerusalén y el Reino de Judá, gobernando con justicia y equidad.
La comunidad cristiana de Tesalónica era una comunidad pequeña, sujeta a hostigamiento por parte de la mayoría pagana. Precisamente por su fidelidad en la tribulación, la comunidad tesalonicense era una de las más queridas de Pablo, dedicándole una hermosa carta de ánimo y apoyo.
En el Evangelio de San Lucas, Jesucristo describe cómo va a ser le Juicio Final que, aunque será de mucha tribulación, es liberación para todos los que crean en Jesús.
Cada vez que llega el primer Domingo de Adviento, el domingo del Juicio Final, me acuerdo de mi querido compueblano Yiye Ávila y su ministerio “Cristo Viene”. Aunque la mayor parte del tiempo se la pasaba tirándonos a nosotros los católicos, tratando de hacernos ver ignorantes a los datos bíblicos, su teología estaba basada en la Segunda Venida de Jesucristo, haciendo fuerte énfasis en el libro del Apocalipsis al punto de meternos miedo, y que los cristianos teníamos que estar preparados ante su venida. Es verdad que su predicación era tremebunda, pero sincera, él cría en lo que predicaba, y sí, él nos creaba conciencia sobre la Segunda Venida.
Desde que la Iglesia es Iglesia, estamos esperando la Segunda Venida. San Pablo creía que la Segunda Venida ya estaba a la vuelta de la esquina y es por eso que en sus primeras cartas, como ésta, la 1ra Carta a los Tesalonicenses que es el libro más antiguo del Nuevo Testamento, urgía a que se prepararan para la venida del Señor. Pero, al ver que Cristo se tardaba, San Pablo va modificando su predicación, predicando acerca de otros asuntos teológicos. Lo mismo le está pasando al pentecostalismo de hoy, que ya no menciona al Apocalipsis como antes y ya no mete miedo sobre el Juicio Final.
Pero de que Cristo viene, pues si, Cristo viene. ¿Cuándo? Cristo no lo dijo para que su Iglesia esté siempre en vela. Pero la Segunda Venida de Nuestro Señor, en vez de darnos miedo, nos
debe de dar alegría, esperanza, gozo, porque los que creen en Jesucristo no debemos de temer porque Cristo viene para salvarnos, para llevarnos consigo. Miremos la 1ra lectura: Jerusalén estaba siendo destruida por Babilonia, y sus ciudadanos deportados al exilio. Su rey, Sedecías, había sido hecho prisionero y cegado para que no pudiese ver más, y su dinastía descendiente de Judá, destruida. Es aquí que Jeremías promete un Mesías, de la misma descendencia de David, pura descendencia de Judá, que volverá hacer brillar a Jerusalén. Esta descendencia se cumple en Jesucristo, descendiente de David, el Mesías que viene a salvarnos.
¿Por qué se nos mete el cuco de tenerle miedo al Juicio si Jesucristo mismo nos dice que es motivo de alegría y júbilo para sus creyentes? Si uno vive amando, siguiendo, sirviendo y testimoniando a Jesucristo, el Juicio es motivo para la alegría. Santa Teresa de Jesús dijo que, si Jesucristo venia, ella estaría comiendo bombones. Ahí era en donde Yiye estaba equivocado…
P. Rafael “Felo” Méndez



