En un contexto cultural donde el significado del amor, la identidad personal y la sexualidad parecen cada vez más confusos, la propuesta de la Teología del Cuerpo continúa ofreciendo una respuesta profunda y esperanzadora. Así lo expresaron los conferencistas internacionales Rebecca Barba y Gustavo Mejía, quienes visitaron Puerto Rico para ofrecer el taller “Creados para amar”, en la parroquia Santa Bernardita de la Arquidiócesis de San Juan.
Durante una conversación con El Visitante, ambos reflexionaron sobre el sentido profundo de esta afirmación: el ser humano ha sido creado para amar y ser amado. Según explicó Barba, esta verdad tiene su fundamento en la misma naturaleza de Dios.
“El Señor crea todas las cosas, pero solo hay una criatura hecha a su imagen y semejanza: el ser humano. Y si Dios es comunión de amor —Padre, Hijo y Espíritu Santo— entonces nosotros también estamos llamados a vivir esa vocación al amor”, afirmó.

Para la conferencista, el problema actual no radica en que las personas hayan dejado de buscar el amor, sino en que la palabra ha sido “manoseada” y vaciada de su significado verdadero. En muchos contextos, el amor se reduce a un sentimiento pasajero. Sin embargo, la tradición cristiana propone algo mucho más profundo: el amor entendido como entrega y búsqueda del bien del otro.
“El verdadero amor se parece al amor de Cristo, que entrega su vida hasta la última gota de sangre”, explicó.
Amor, comunidad y vocación humana
Por su parte, Gustavo Mejía destacó que la capacidad de amar es precisamente aquello que distingue al ser humano dentro de la creación.

“Somos el único ser conocido que puede recibir y dar el amor de Dios. No hemos llegado hasta donde estamos como humanidad por ser los más fuertes, sino por nuestra capacidad de crear comunidad y vínculos de intimidad”, señaló.
Esta capacidad de amar añadió, no solo permite construir relaciones personales profundas, sino también comunidades humanas donde se cultivan la solidaridad, la amistad y la familia.
Sin embargo, ambos conferencistas reconocen que muchas personas viven hoy con heridas afectivas profundas que dificultan experimentar ese amor de manera sana. De ahí la importancia de integrar el camino espiritual con procesos de sanación interior.
Salvación y sanación
Mejía explicó que el Evangelio mismo revela cómo la misión de Cristo une la salvación con la sanación.
“El mismo Jesús que vino a salvarnos vino también a sanarnos”, afirmó al recordar que los Evangelios muestran repetidamente a Cristo sanando a las personas mientras les ofrece la salvación.
Para el conferencista, muchas personas terminan organizando su vida alrededor de las heridas del pasado. Sin darse cuenta, llegan incluso a “administrar” esas heridas como parte de su identidad.
“Todos queremos ser sanados, pero a veces olvidamos ese deseo y terminamos viviendo desde nuestras heridas”, explicó.

Rebecca Barba complementó esta idea citando una definición de sanación que ha marcado su trabajo pastoral: la sanación es un proceso continuo en el cual la persona se deja tocar por el amor y la verdad de Dios.
Según explicó, muchas heridas generan mentiras sobre la identidad personal o sobre la relación con Dios. La sanación espiritual consiste precisamente en permitir que la verdad de Dios reemplace esas falsas creencias.
“Es dejar que el amor de Dios sane nuestras heridas y que su verdad contraponga las mentiras que aprendimos a partir de nuestras experiencias”, indicó.
La crisis de identidad en el mundo actual

Otro de los temas abordados durante la entrevista fue el desafío contemporáneo de la identidad personal. Para Barba, la sociedad actual atraviesa una profunda crisis en este aspecto.
“La cultura nos ha hecho creer que somos lo que hacemos, lo que tenemos o los logros que alcanzamos”, señaló.
Frente a esta visión, la Teología del Cuerpo recuerda una verdad fundamental: la identidad más profunda del ser humano es ser hijo.
Todos los demás roles, profesión, estado civil o logros personales se construyen sobre esa identidad primaria. Hay que reconocer que cada persona es amada por Dios como hijo permite reconstruir la visión de sí mismo desde una base sólida.
Mejía subrayó que cuando esta identidad se pierde, las demás dimensiones de la vida también se desordenan.
Un mensaje necesario para los jóvenes
Ambos conferencistas coincidieron en que los jóvenes de hoy siguen buscando respuestas sobre el amor, la sexualidad y el sentido de la vida. Sin embargo, muchas veces no encuentran propuestas claras o positivas que respondan a esas inquietudes.
Para Mejía, uno de los retos pastorales de la Iglesia es hacer accesible la riqueza de su enseñanza sin diluir su profundidad.
“La Iglesia tiene documentos extraordinarios sobre la persona humana, pero necesitamos hacerlos cercanos y comprensibles”, señaló.

Barba añadió que el diálogo con los jóvenes debe abordar la sexualidad con una visión abierta, positiva y esperanzadora.
“No se trata de presentar la sexualidad como algo negativo o sucio, sino como algo sagrado que forma parte del plan de amor de Dios”, explicó.
En medio de los desafíos culturales actuales, ambos ven signos de esperanza. Señalan que muchos jóvenes están redescubriendo la fe a través de la adoración eucarística, la devoción mariana y la Teología del Cuerpo.
Para ellos, estos caminos están ayudando a una nueva generación a comprender que el cristianismo no es una serie de prohibiciones, sino una propuesta de plenitud humana.



