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En varios lugares aparece una hermosa cita atribuida al Papa Francisco: “No existen esposos perfectos, padres perfectos, hijos perfectos, ni suegras perfectas.” Es verdad: lo que existen son máximas aproximaciones. Como no todos los alumnos de una clase son de A en las notas. Es maravilloso en la pareja llegar a valorar lo que tienen (¡siempre hay algo!) y no andar pensando en el príncipe azul.  Con el tiempo verás que no es el tono de azul que en realidad deseabas… Como es absurdo en insistir en que tu hijo saque A en la escuela, cuando sabes bien que su capacidad comprobada para ese tipo de tarea es de C. Si trabajó como C, y la logra, debería ser A en tu estima.

Diría lo mismo de otra manera: “Cuenta tus bendiciones”. En el paquete emocional de tu pareja existen al menos uno o dos puntos que son maravillosos. No dejan de serlo, aunque en la cuenta negativa la larga te parezca extensa. Sería realista enfocarte en esas dos y no mirar las malas, o aguantarlas con paciencia. Me gusta esa obra de misericordia espiritual que lee “soportar con paciencia las flaquezas de nuestro próximo”. ¡Sería un poco difícil soportar las flaquezas de tu pareja cuando son tantas y tantas que parecen judíos salidos de un campo de concentración nazi!  Pero, en realidad, nadie es tan y tan malo que no tenga algo bueno. Enfócate en eso y agradece lo bueno. Es la parábola del perro muerto. Podrido en la carretera, todos se desvían del camino para evitar el mal olor. Pero el divino Maestro se acerca y observando al perro exclama: “Qué limpios y qué blancos tiene los dientes”. Espero que tu cónyuge tenga buenos dientes.

Hay personas que solo buscan y aceptan lo que es totalmente magnífico. Se frustran porque no lo encontrarán. Saliendo a comprar la camisa de un hombre feliz, dice la parábola, para aliviar la depresión del Sultán, la encontraron en un viejo solitario en pobre cabaña. ¡Pero el hombre feliz no tenía camisa! Cantaba Rocío Durcal: “Jamás te dejaré, jamás por nada, aunque pienses lo que pienses… Porque solo tú me amas, porque solo tú me entiendes, porque solo tú me cuidas…” Realista visión, ‘un poco masoquista’ dirá otro, pero es lo que hay. Y aramos con los bueyes que tenemos. Si esperas un tractor, tu finca se llenará de maleza. Una persona, amorosamente exclamaba: “¡En mi casa no tenemos qué comer, pero nos reímos mucho!”

Tal vez alguien me diga: qué acomplejao’ y qué poco emprendedor eres. Y recuerdo aquel que, alojado en la terraza de su casa, pues la inundación había llegado hasta allá, pedía con fe a Dios que lo salvara. Llegó la policía en un bote, pero no quiso entrar, porque Dios le salvaría; el helicóptero de la policía le invitó a subir, y no subió, porque Dios mismo no lo abandonaría. Y se ahogó. Le preguntó a Dios: ¿Padre, por qué no viniste a salvarme? Le dijo Dios: Hijo, te envié a Nino en un bote y un helicóptero, pero tú no quisiste subir… ¡qué más podía hacer por ti!

Los antiguos hablaban de la “dorada mediocridad” como cualidad de la persona bien asentada. No opino que pidiesen un mundo lleno de mediocres. Eso tampoco es sano. El esfuerzo por el progreso en lo personal y en lo político es de Dios. San Ignacio hablaba del ‘magis’, dar el más por la gloria de Dios. Pero es el más dentro de lo que realistamente esté en mi mano alcanzar. Por eso soy sensato, cuando mi decisión por lo mejor fue pensada, contentarse con lo bueno encontrado. “Más vale pájaro en mano…”. Y en la búsqueda de lo mejor disfruto de lo bueno en lo que llega lo otro. Nuestros viejos decían: Eso fue lo que trajo el barco… Y posiblemente no exista otro barco o llegue luego otro con más mercancía, en lo que aprovecho la que ya poseo.

 P. Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante