Lo Canta el mejicano: “Amor con amor se paga, no lo olvidaré, por eso con mi amor te pagaré.”  Es otra manera de decir aquello de “obras son amores, que no buenas razones”.  O en el final de la película My Fair lady, cuando la protagonista le canta a su tímido enamorado: ”No lo digas, muéstralo”.  En el evangelio Jesús expresa ese amor de forma generosa: se rompió el pecho por nosotros, por nuestro bien. Y de su pecho brotó sangre y agua. “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su hijo amado…”

 

Es la dinámica que deseamos en la relación de la pareja. Que en las acciones del uno hacia el otro sea evidente su afecto por esa persona. En el caso de Lázaro, ya enterrado hacía cuatro días, Jesús llora sintiendo el dolor de sus amigas y el de Lázaro.  Y algunos comentaron ”miren cómo lo amaba”. Como el afecto es algo intocable, muy dentro de nuestra psiquis, se conoce de veras lo que por dentro hay por lo que por fuera se muestra. Y eso sin ser hipócrita: inventando muestras de lo que no existe por dentro.

 

Me comentaba una casada la perplejidad que experimentaba con su esposo.  En sus palabras afirmaba su amor, pero cuando venían algunas diferencias, aunque pequeñas, el se marchaba de la casa a otra que tenía, y allí pasaba incluso días, desaparecido en el espacio”.  Era conducta que contradecía sus palabras.  ¿Cómo puedes amar a una persona a la que abandonas como algo indeseable, o a la que castigas sin decir por qué ni cómo?  Actúas como el nene egoísta, que como no le complacen en el juego, se lleva el bate y la bola y no hay para nadie.

 

Recuerdo el comercial de aquel padre que, ante las cámaras y fumando continuamente, explica que el les ha llamado la atención a sus hijos porque fuman; que el tabaco es muerte para los pulmones; que de ninguna manera permitiré que fumen.  Y el sigue fumando! Es predicar la moral en ropas menores.  O dicen los sicólogos, es una educación contradictoria.  Que la persona objeto de tu amor no tenga que adivinar con esfuerzo que la amas; se convence solo por lo que ve en ti.  Lo comentaba yo en aquella anécdota del adicto al juego, que regresa a las tres de la mañana de sus correrías, abre la nevera para comer algo frío. En eso se despierta la esposa y le dice: ‘deja, que yo te caliento la comida; quiero que comas caliente.  Para él fue un baño de agua fría.  Eso era amor, y amor con amor se paga: dejó el vicio desde ese momento.

 

Dice el refrán: donde no hay amor, pon amor, y cosecharás amor.  Cantaba Danny: “expresa con tus manos lo que sientes, el amor no lo encierres, déjalo salir”. Y el Señor, en otra ocasión, repetía “por sus frutos los conoceréis”.  Pero ten en cuenta qué acciones concretas interpreta la persona amada como acciones de amor.  Porque lo que a uno convence otro, posiblemente, no lo interprete como amor.  Uno puede traducir como amor los gestos, las caricias.  Otro interpreta como amor las acciones que alivian los dolores de la amada: fregar por ella, que ella duerma y tu cuides los nenes.  Conocer sus gustos y esforzarse porque le lleguen…  Cada uno interpretará su acción de amor.  Que si vienen como contrapeso al expresado por la otra persona es mucho mejor.  Porque el amor matrimonial es como el ping-pong: uno sirve, la otra responde, la volita vuela entre los dos.  El amor se va materializando. Recuerdo unos viejitos, el muy machista y bocón.  Ella siempre callada y sumisa.  Pero cuando el se ponía ya impertinente, ella sencillamente le alzaba la voz: “Cállate, Manolo”. Y Manolo manso se quedaba.  Y cuando la viejita se descompuso en su salud, estaba el viejo angustiado gritando “Ay, María, qué te pasa?  Ayuda, ayuda”.  El bocón en el fondo sentía un respeto especial y entrega al bienestar de su amada.  Eso es amor.

P. Jorge Ambert, S.J.

 

Para El Visitante

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