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El Centro Misionero de Villaregia fue la sede de un encuentro al que asistieron directivos, capellanes y coordinadores de pastoral de las escuelas católicas de la Diócesis de Arecibo, la mañana del pasado jueves, 26 de enero.

El evento tenía como objetivo reflexionar acerca del Pacto Educativo Global (PEG) propuesto por el Papa Francisco. En esta ocasión, particularmente, observando perspectivas prácticas, pastorales y educativas que orienten a las escuelas católicas a ponerlo en práctica.

El exponente invitado fue Andrés Mauricio Quevedo Rodríguez, profesor de la Universidad Santo Tomás y la Universidad San Buenaventura de Colombia.

Entre los 38 participantes se encontraban la Srta. Carmen Mabel Rodríguez y la Sra. Ivette Rodríguez, Superintendentes de las Escuelas Católicas de Arecibo y Mayagüez respectivamente, así como la Sra. María Mercedes Grau, responsable de asesoría pedagógica y marketing educativo de Ediciones SM.

Según explicó el Prof. Quevedo, el PEG sienta sus bases en la experiencia profunda de Jesús y es un pacto que siempre tiene que renovarse: “Si tuviéramos que ponerle un rostro (al PEG) sería el de Jesús, Él es la identidad; por eso, todos caben en el pacto y éste no puede pensarse al margen de la persona y la experiencia de Jesús”.

Asimismo, señaló que se trata de un pacto que debe darse desde la libertad, y que, siendo educativo, no se limita a ambientes escolares, sino que incluye a la sociedad entera, puesto que toda ella es educadora, y, la educación, al mismo tiempo, es para construir sociedad.

Entonces, el PEG es una propuesta y un desafio para que la humanidad tome conciencia y reoriente sus procesos educativos a la luz del proyecto amoroso de Dios, que es “un proyecto de promoción humana y, por lo tanto, requiere de personas preocupadas por la promoción humana”.

Destacó, además, que las motivaciones del Papa para proponer el PEG, a grandes rasgos son: “repensar la construccion del mundo, reavivar el compromiso con el futuro y recuperar la relación entre educación y fraternidad”.

Para ponerlo en acción, el profesor mencionó tres pasos requeridos: “colocar a la persona en el centro, invertir las energías con creatividad y responsabilidad, y formar personas dispuestas a servir”.

En ese sentido, destacó la importancia de una urgente trasformación de la educación para que sea verdaderamente integral. 

Esto, a su vez, requiere de compromisos personales y conjuntos que se resumen en lo siguiente: “poner en el centro todo proceso educativo, escuchar a los jóvenes, promover a la mujer, reconocer a la familia como primera educadora, educar y educarse para acoger, buscar nuevas comprensiones, y salvaguardar la casa común”.

Refiriéndose, por otra parte, a la función de las escuelas católicas, propuso considerar en la perspectiva pastoral una vivencia más experiencial que relacione dogma, liturgia y moral, considere el ecumenismo y el diálogo interreligioso, y responda a la indiferencia religiosa y el ateísmo.

En cuanto a perspectivas educativas, insistió en la necesidad de aprender a escuchar efectiva y afectivamente, flexibilizar procesos, posibilitar intercambios y ofrecer formación extracurricular.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante

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