La difícil situación de los cristianos refugiados en Medio Oriente, el drama de los migrantes en EE.UU., y las damas colombinas son algunos de los temas que se abordaron en entrevista con Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón (CdeC), quien estuvo recientemente de visita en la Isla para dar continuidad a las ayudas que la organización ofreció durante la crisis posterior al paso de los huracanes Irma y María.

El líder de la organización a nivel internacional, detalló la difícil situación que viven las comunidades cristianas en el tema de los campos de refugiados. “Hemos trabajado fuertemente con el Arzobispo de Erbil (Iraq), quien tiene la mayor responsabilidad con los refugiados cristianos. La dificultad mayor es que los cristianos no pueden ir a los campos de refugiados del gobierno o los establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)”, dijo Anderson.

Explicó que: “La inmensa mayoría de los refugiados en estos campos son musulmanes y en ellos también se encuentran muchas de las personas que han estado envueltos directa o indirectamente con actividades anti cristianas o terrorismo. Por eso a los cristianos les asusta ingresar a esos campos. De esta forma, virtualmente no cuentan con apoyo y la iglesia en Iraq, ya diezmada por la migración y las masacres, ha asumido esta ardua responsabilidad en un entorno tan volátil”. Así los CdeC, destacó Anderson, se apoyan con: alimento para miles de familias, ayuda para educación, refugio, techo, medicamentos, entre otros.

Como una crítica muy real, confirmó que “si los genocidios de ISIS no ocurren, la gente comienza a olvidar y la situación no cambia para mejorar”. Según su reflexión, el compromiso con esta comunidad es a largo plazo. Parte esencial para la resolución de los problemas en la región será un cambio en el pensamiento social de la región y si esta comunidad desaparece sería una vergüenza para todos los cristianos del planeta. “Olvidamos que San Pablo no bautizó a esta comunidad, fue esta comunidad la que lo bautizó. Esta gente no es nueva, esta comunidad existe desde antes de la llegada de los musulmanes. Ellos tienen el derecho de continuar viviendo en esta área, como lo han hecho por casi 2 mil años. Y será una vergüenza para los cristianos de todas partes del mundo si esta comunidad desaparece”, destacó.

Sobre las Damas Colombinas que son el brazo femenino de la organización y su rol, comentó que desde varias décadas se han enfocado en fomentar actividades que incluyan a la familia entera. “Nuestras esposas son una parte muy importante, por eso hemos sido muy activos incluyéndolas y la familia completa en la organización y en nuestros programas. No obstante aclaró que el carisma especial de los CdeC es “buscar la forma de motivar a hombres a tomar responsabilidades mayores en la vida parroquial y ayudarlos a ellos a apoyar y proteger a sus familias”.

Por otra parte, el pasado septiembre de 2017 la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos denunció como censurable e inaceptable la orden ejecutiva del Presidente Trump de cancelar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia. En resumen, una protección mínima que recibían los migrantes que llegaron de niños, como permisos para trabajar y la posibilidad de licencia de conducir; no un status migratorio. De hecho, Padre Michael J. McGivney, fundador de los CdeC en 1882, nació de una familia de migrantes irlandeses. Sobre la tragedia que viven los llamados dreamers precisó: “En esta problemática, el primer punto es el respeto por cada individuo; el segundo, es el respeto por la ley; pero, tenemos que entender que las leyes están dirigidas hacia el bien de las personas. En esa forma, la Iglesia tiene un tremendo rol en este debate y el enfoque de que se debe respetar la dignidad de toda persona y toda familia. Y garantizar que nuestras políticas respeten las personas y las familias. También tenemos que respetar nuestras fronteras, pero lo tenemos que hacer de alguna manera que no sea injusta”.

En un mensaje final, se dirigió a los CdeC en Puerto Rico para expresar su gratitud a cada uno por ser ese “cuidador del prójimo” y por el sinfín de horas de labor comunitaria durante la crisis producto del huracán María. “Ahora vamos adelante, vamos a construir no reconstruir lo que se destruyó, sino a construir una comunidad más fuerte, instituciones más fuertes y construir un mayor sentido de lo que somos como católicos”, concluyó Anderson.

(Segunda y última parte)

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