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Hoy en una sociedad tan virtualizada se convierte en un reto realizar una lectura de la realidad misma de las cosas y realizar una introspección de nuestra realidad personal para así poder interactuar con la realidad que sale a nuestro encuentro de manera asertiva y eficaz. Muchos consideran que la interacción con esta realidad, en sí misma, es un camino que lleva a la felicidad dado que lo opuesto a la realidad es lo falso, lo absurdo, la mentira. Pienso que uno de los muchos legados que Joseph Ratzinger, aquel joven de Baviera, Alemania, que luego fue Benedicto XVI, pudo darnos fue vivir de acuerdo con la realidad misma que sale a su encuentro.

¿Qué es la realidad?  Benedicto XVI en una de sus disertaciones hubiera usado a su amigo griego Platón, y para este la realidad es la afirmación de que existe, de manera fija, algo de mayor trascendencia que aquello que percibimos, una realidad fija. A estas realidades las llama “Ideas” y las concibe como esencias, la esencia de los fenómenos que percibimos por los sentidos. Esas Ideas, inmutables, las describe como lo verdadero, como la verdadera realidad. Por tanto, desde el punto de vista cristiano Dios, encarnado en Jesús de Nazaret, es un acontecimiento real que “lo hemos visto y oído” (1 Jn, 1-3), a nuestro encuentro como “camino, verdad y vida” (Jn 14,6).

Imaginemos que el gobernante de un país interprete un buen gesto de diplomacia de otro país como un acto maquiavélico para obtener un beneficio económico en lo oculto. Por otra parte, imaginemos que una relación interpersonal de esposo, novia, amigos sea una relación fundamentada en la mentira y no en lo real, la relación no perduraría.

De esta manera, el ejercicio de saber leer la realidad, con una mirada de fe, a nuestro alrededor es importante. Este ejercicio humano debemos aprender a cultivarlo para leer de manera asertiva cuáles son los problemas que, como sociedad, tenemos y cuáles son los retos personales que debemos sobrepasar con la ayuda de la gracia de Dios. Si no, entramos en esos círculos viciosos de señalar problemas sin ofrecer solución alguna. Inclusive si no sabemos realizar una lectura de la realidad probablemente Jesús salga a nuestro encuentro y no seamos capaces de verlo, ya que Jesús es y será la realidad misma de las cosas

Benedicto XVI fue un maestro de este arte. Encontró a Jesús en cada situación, en cada problema, en cada oportunidad porque fue realista. Logró leer los signos de los tiempos (cf. Lc 12, 54-56) con discernimiento y eligió caminar con Jesús en el transcurso de su vida. A veces en la Iglesia esperamos milagros, cosas grandiosas, incluso en este afán caemos en males psicológicos que predisponen nuestro ser a ver cosas que ni siquiera son necesarias para nuestra vida de fe en Jesucristo, pues no responden a la realidad. Así, tristemente, olvidamos como pieza fundamental que “la realidad creada es una verdadera Palabra, a través de la cual Dios se hace perceptible para la conciencia humana”. L. Giussani, El sentido de Dios y el hombre moderno, Encuentro, Madrid, 2005, p.  26

Este ejercicio, de lectura de la realidad con una mirada de fe, sigue en entredicho por el ser humano y la diversidad, casi impuesta, de tantas interpretaciones de las “realidades” del mundo por parte de algunos de líderes. No sabemos leer la realidad de las cosas, decimos buscar la verdad en fuentes que carecen de sabiduría y patrimonio humano. Las preguntas más complejas del ser humano deseamos responderlas sin haber hecho nuestra lectura de la realidad, convirtiendo así cada respuesta en una mera teoría o ideología que carece de carne y es se hace compleja de para discernir. Por otra parte, miramos la realidad humana desde una superficialidad que no trasciende a lo divino cayendo así en el extremo de lo absurdo e inhumano. Quien leyó la obra de Benedicto XVI puede establecer que, como Papa y Teólogo, siempre realizó un equilibrio entre lo divino y humano respondiendo así a todas las interrogantes existenciales posibles del ser humano. Siempre partiendo de la Encarnación del Hijo de Dios, de Jesucristo, como un hecho y acontecimiento que quiso interactuar en nuestra historia, en la realidad de nuestro mundo creado.

Sin embargo, más allá del patrimonio teológico que Benedicto XVI ha dejado en sus escritos han habido tres acciones donde Benedicto XVI manifestó con hechos que era un buen lector de la realidad como se presenta. Comparto tres ejemplos de esto: señalamiento de que el cristianismo se reduciría a pequeñas comunidades, su renuncia al ministerio como obispo de Roma, su carta del 8 de febrero de 2022.

  1. SEÑALÓ QUE EL CRISTIANISMO SE REDUCIRÍA A PEQUEÑAS COMUNIDADES:

En el año 1968 expuso: “Cuando Dios haya desaparecido totalmente para los seres humanos”. Aseguró Benedicto XVI hace cuarenta años: “experimentarán su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo”.

Ciertamente estas expresiones crearían algún escándalo, pero han sido hechas en un ejercicio de lectura de la realidad que sale a nuestro encuentro.

De esta forma se expresaba el joven teólogo Joseph Ratzinger en 1968, mucho antes de ser nombrado obispo y pensar siquiera que podría llegar a papa. En una conferencia radiofónica que llevaba por título “¿Bajo qué aspecto se presentará la Iglesia en el año 2000?”, el entonces profesor de teología de la universidad de Tubinga.

Dichas expresiones han sido acogidas por el actual Papa y por el camino pastoral de la Iglesia. Ejemplo de esto, el Concilio Vaticano II, Nueva Evangelización, Camino Sinodal todo este dinamismo eclesial ha sido precedido por esta reflexión y esta profecía de Benedicto XVI. Igualmente, ha sido manifestación de un elemento que el joven teólogo Joseph acuñó desde muy temprana edad y exhortó a todos en la Iglesia a asumirlo: la hermenéutica de la continuación. (c.f. Informes Sobre la Fe, 1985) Por tanto, no cabe en el pensamiento teológico de la Iglesia la ruptura que muchos se empeñan en realizar entre el magisterio del Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.

2. RENUNCIA COMO OBISPO DE ROMA (PAPA)

La renuncia del Papa Benedicto XVI se confirmó el pasado 11 de febrero de 2013: antes que él, la última dimisión se produjo en el año 1415, cuando el Papa Gregorio XII hizo efectiva su renuncia. Benedicto XVI vuelve a realizar una lectura de la realidad. Sin embargo, esta vez en su vida personal delante de Dios y serenamente renuncia. ¿Cuántos líderes disciernen y llegan a un desenlace sereno delante de una función de poder? Una persona que discierne y realiza una lectura de la realidad asertiva y es coherente. Así es la calidad de humano que era Benedicto XVI. Un ser humano con unidad de vida le da a los demás la oportunidad de ser partícipes de gracias especiales. Reconoció lo que era (identidad) y hacia donde debía dirigirse (camino) en preparación para el encuentro con el Amado. Sin embargo, nos dio años de oración por la Iglesia y realizó un acompañamiento especial al Papa Francisco en la ardua tarea de ser Papa.

3. CARTA 8 DE FEBRERO DE 2022-LA MUERTE PARTE DE NUESTRA REALIDAD HUMANA

Decía Benedicto XVI: “Pronto me enfrentaré al juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo al mirar hacia atrás en mi larga vida, me alegro, sin embargo, porque creo firmemente que el Señor no sólo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya ha sufrido Él mismo mis defectos y es, por tanto, como juez, también mi abogado. En vista de la hora del juicio, se hace evidente para mí la gracia de ser cristiano. Ser cristiano me da conocimiento y, más aún, amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte. A este respecto, no dejo de recordar lo que nos dice Juan al principio del Apocalipsis: ve al Hijo del Hombre en toda su grandeza y cae a sus pies como muerto. Sin embargo, Él, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: “¡No temas! Soy Yo…”.

Dentro de la Iglesia puede ser que alguno reclame la admiración del Papa emérito Benedicto XVI a causa de los supuestos ostentosos ornamentos litúrgicos con los que el Papa solía celebrar los sagrados misterios o por su supuesta ortodoxia en la reflexión teológica.  Exhorto a ver la realidad como Benedicto XVI me enseñó: desde la serenidad de espíritu, viéndonos delante de Dios con la certeza de que Jesús de Nazaret nos acompaña. De seguro los juicios comienzan a cambiar y la realidad misma sale a nuestro encuentro. Ciertamente Jesús nos invita a juzgar, pero a juzgar con justo juicio y no por apariencias. (Cf. Jn 7,24; Lc 6,37-38)

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. (Deus Caritas est, 1)

Benedicto XVI intercede ante Dios por nosotros para que podamos leer la realidad que sale a nuestro encuentro, no rehuir de ella, enfrentarla con la serenidad que tu lo hiciste y podamos al final siempre en el aquí y ahora encontrarnos con Jesús de Nazaret.

Por: Prof. Juan m. Colón Rodríguez, J. D.

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