Para: Edna Ramírez Anglada
De: Genaro Día Torres
Especial para El Visitante


Yo, Genaro Díaz, natural de Ponce, decidí continuar mis estudios universitarios en la Universidad Interamericana de Hato Rey ya que mi familia se mudó para el área metro. Allí conocí a una bella joven de ojos verdes llamada Edna. Nos hicimos amigos y nos veíamos a diario por las mañanas. Me estuvo curioso el no verla nunca por las tardes y eso me motivó a pasar por su casa en la Urb. Roosevelt, en un carrito viejo marca Renalt que tenía.

Allí estaba ella en el balcón con una pequeña bebé en sus brazos y dándole el bibí. Esa niña era su sobrina, quien estaba enferma y luego fallecería. Edna me recibió con mucha alegría y en ese momento pensé para mí: su belleza interior supera la exterior. La miré fijamente a los ojos y le dije: “Tú serás la madre de mis hijos”.

Ella presidía la juventud evangélica de dicha área y yo era un católico de nombre y tradición, pues tenía un tío que era sacerdote en España. Nos casamos por la Iglesia Evangélica y luego por la Iglesia Católica en donde ella se aferró a la fe católica, lo que tuvo una gran repercusión en mí.

Nos mudamos a Caguas, compramos casa y comenzamos a visitar la Capilla San Antonio de Padua perteneciente a la Parroquia Santísimo Sacramento, la cual es dirigida por el excelente sacerdote y buen amigo Padre Jesús Maiza. Esa capilla ha sido visitada por nosotros durante los últimos 45 años. En la misma, mi esposa Edna Ramírez sirvió como maestra de catecismo por 35 años. Y actualmente ella es servidora en otras facetas tales como comentadora a la hora de visitar a los enfermos o asistir a los círculos de oraciones. También fue maestra de religión en la Academia Cristo de los Milagros de Caguas por 26 años consecutivos, mientras hacía lo propio en nuestra Capilla.

En nuestra unión matrimonial procreamos cinco maravillosos hijos: Ednita, Yina, Lymarie, Melba y Genaro Jr. Todos sirven al Señor y con ellos cumplí lo que a Edna le prometí al conocerla: “Tú serás la madre de mis hijos”.

Mi mayor razón para dar gracias a mi Dios es el haber puesto junto a mí a ese ángel que cambió en gran parte mi vida. Concluyo este escrito con un pensamiento dedicado al amor, que vino a mi mente durante una reciente fría madrugada y del cual Edna fue mi inspiración.

El amor es el pan nuestro de cada día, es el aliento de todos aquellos que nos correspondemos mutua y positivamente. Es la sangre que circula continuamente en nuestro sistema y la vitamina que nos da energía y aumenta día a día nuestra capacidad y comprensión hacia otros. Es un alimento espiritual que debemos compartir con los demás y es el único regalo que se da con el deseo de ser reciprocado.

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