Fray Ramón “Monchy” Negrón Cruz, OFM Cap., párroco de la Parroquia Santuario Protomártires de la Inmaculada Concepción en Aguada, comentó que durante la Cuaresma la Iglesia establece tres acciones importantes que son el ayuno, la penitencia y la oración.

Sobre el ayuno que va acompañado de la abstinencia describió que: “Es una práctica importante para la vida del cristiano, para ofrecerlo en prueba del amor a Dios, en prueba del perdón que uno le pide a Él. El ayuno es para fortalecernos en la fe, para dominar las pasiones, para refrenar los pecados o por lo menos repararlos”.

El Canon 1251 establece que serán días de ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Serán días de solo abstinencia los demás viernes de Cuaresma. Igualmente, se está obligado a la abstinencia a partir de los 14 años y el ayuno obliga a partir de los 18 años hasta los 59 cumplidos.

Cabe destacar que por ayuno se refiere a reducir la cantidad de comida ingerida usualmente. La Iglesia lo define como una comida principal más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Este se rompe si se come entre comidas o si se ingiere algún líquido considerado comida, por ejemplo: batidas de proteínas.

El ayuno y la abstinencia están basados estrictamente en alimentos, por lo que el Párroco de la también conocida Ermita del Espinar aseveró que aquellos que no acostumbran consumir carne, deberán sustituirla por otro tipo de alimento de su predilección.

Fray Monchy precisó que el día de ayuno debe ser un día de oración, reflexión y de presencia de Dios. De modo que: “Yo ayuno pero no me pongo a criticar a los demás. Yo ayuno pero no me paso maltratando a las personas con alguna ofensa. Yo ayuno pero no es no saludar al que está a mi lado. Una cosa debe ir acompañada de la otra”.

Por lo tanto, señaló que esta práctica puede ir acompañada por las obras de misericordia que son agradables a los ojos de Dios “cuando el que quiere vivir una vida de fe auténtica, no solamente lo profesa sino que la vive en la realidad”. Incluso, también puede ofrecer como sacrificio abstenerse de hacer aquella actividad cotidiana que más le plazca como ver la novela o usar la Internet.

Como conclusión el fraile exhortó a vivir un tiempo rico y hermoso desde la Cuaresma partiendo de la espiritualidad y en la que las prácticas de penitencia o ayuno vayan acompañadas de las prácticas de misericordia “(que parta) de un deseo genuino de reconciliarnos no solamente con Dios sino también entre nosotros”.

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