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Sor Alejandra cuenta su historia de vocación

“Lo que Dios ha hecho conmigo, no lo puedo callar”, expresó Sor Alejandra Matilde en Tele Oro Canal 13 mientras narraba parte de su historia de vocación hace unos meses. Por eso, El Visitante dialogó con la religiosa para conocer su testimonio de vida junto a las Hermanas Dominicas de Fátima. 

Sor M. Alejandra Matilde Mendoza García, OP, es una alegre religiosa que pertenece a las Hermanas Dominicas de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, congregación fundada en Puerto Rico por la Sierva de Dios Madre M. Dominga Guzmán Florit, OP. Actualmente, sirve como priora local de una de las comunidades en la ciudad de Ponce, y coordina la Pastoral Universitaria de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en dicho municipio desde el Centro Carlos Manuel Rodríguez. Además, colabora con la Pastoral Juvenil a nivel nacional como Asesora para Puerto Rico y el Caribe. Su mayor apostolado hoy día es acompañar a la juventud con su alegría y experiencia. 

¿Llamada a qué? 

Siendo natural del Barrio Almirante Norte de Vega Baja, comenzó a caminar en la fe en la Capilla Ntra. Sra. de Fátima de la comunidad Almirantito, donde conoció por primera vez a “unas monjitas” Dominicas de Fátima. Sobre su niñez y juventud, comentó que siempre fue una muchacha “inquieta”, en el buen sentido. “Fui a la escuela de la comunidad, fui una chica normal… Le gustaba ka música y bailar como una chica normal, pero sí me mantenía en las cosas de la Iglesia”. Colaboró en la catequesis parroquial e ingresó a la Pastoral Juvenil siendo a penas una adolescente. Hasta hoy día, de cierta manera, no ha podido desprenderse de su servicio con los jóvenes. 

Con la tentación de interponerse ante Dios sobre su vocación al pensar que la suya “era el matrimonio”, hizo su proceso de discernimiento e ingresó en el 1999 a la congregación de las Hermanas Dominicas de Fátima, con quienes hizo su proceso de postulantado en República Dominicana y estuvo durante 2 años. Luego, tomó una pausa por 7 años fuera de la congregación. Durante ese tiempo intentó “afinar” algunas cosas en su vida, como su preparación académica y vida personal, y se reintegró a la parroquia, hasta que descubrió que aquel llamado que había recibido años antes era el verdadero. Después de haber deseado y tenido planes hasta para casarse y tener una familia, en el 2008 regresó con las Dominicas e hizo su primera profesión de votos en el 2010. 

¿Qué es ser una Dominica de Fátima? 

“Entregada a Dios, con alegría y con un corazón dispuesta a mar, desde la oración, la vida comunitaria y el trabajo apostólico”, así describió lo que es ser una religiosa Dominica de Fátima. Cada una realiza un apostolado desde sus distintas realidades. Es decir, desde los medios de comunicación social, las misiones, las familias, el acompañamiento espiritual, visitas al hogar, entre otras labores. “Una Hermana Dominica de Fátima es una mujer que se pone los tenis y sale a visitar las familias y acompañarlas… con un corazón muy grande para amar”, detalló. 

Con una vida en comunidad y diferentes labores, la “rutina” diaria de una religiosa comienza desde muy temprano con oración, rezo de los laudes, meditación, la Santa Misa y el desayuno. Durante el día tienen espacios individuales de recogimiento y compartir en sus respectivos trabajos. Al culminar el día, nuevamente se reúnen en comunidad para rezar el rezo del Santo Rosario y las vísperas, cenar y finalmente convivir con las demás hermanas. 

Su labor cotidiana consiste en acompañar a los jóvenes. Además, “hacer alguna evangelización y momentos de oración” en los espacios universitarios. Todo siempre siendo ofrecido, en oración, por las familias y los sacerdotes. 

“Llevar un hábito es un reto” 

Sor Alejandra reconoce que la alegría es un “don de Dios”. Esto es algo que la caracteriza como religiosa. “La felicidad no depende de tener o lograr muchas cosas, sino de amar y ser amado. Es un regalo que el Señor me ha dado. Mi forma de ser la disfruto; las hermanas me han acogido como soy”, señaló. Sin embargo, si ya el ser religiosa conlleva una responsabilidad y visibilidad en el mundo, afirmó que todavía “llevar un hábito es un reto”, aún en la misma Iglesia. Y contrario a lo que muchos podrían pensar, “eso no me distancia de los jóvenes”.

“Ante Dios soy lo que soy” es una frase de Madre Dominga que sor Alejandra rescató en la conversación. “La sociedad nos invita a utilizar máscaras y aparentar lo que no somos”. “Para Dios siempre lo primero y lo mejor”, decía también Madre Dominga, y es que “lo mejor que tenemos somos nosotros mismos. Ya Él se encargará de ir transformándonos”, finalizó Sor Alejandra. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán

j.rodriguez@elvisitantepr.com

Twitter: jrodriguezev 

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