¡Somos bendecidos en tener un ser protector a manos llenas que están en nuestro plano terrenal, paso a paso, dándonos todas las bendiciones que nuestro Padre nos envía con ellos! En este mes de septiembre, celebramos y honramos su presencia entre nosotros: nuestros ángeles custodios. Dios en su insondable misericordia y como buen Padre, quiere que estemos y resguardados y a salvo en un mundo convulso, lleno de violencia, desesperanza y en un entorno en donde se ha perdido el temor a Dios.
Esos protectores se convierten en nuestros perfectos entes de compasividad y piedad, y ciertamente nos impulsan a ejercer con amor la misericordia. Como devotos de Jesús de la divina misericordia, debemos no solamente contemplar tan dichosa devoción, sino también orarla, hacerla un espacio en sus corazones y darles la bienvenida a nuestros ángeles custodios.
Los ángeles nos asistirán en todo momento a madurar en la fe a través de su guía, pero no interfieren con nuestro libre albedrío. La oración y el mantenernos en ella, hace la diferencia en nuestro diario vivir. Como devota de Jesús divina de la misericordia, los exhorto a que se enamoren de la presencia de Dios, aun cuando nuestros compromisos terrenales nos limiten el espacio de comunión que debemos tener con nuestro Padre. Sentir su amor profundo y su abrazo
angelical, nos guía a entender lo importante que se vuelve que es estar en cuerpo y alma su divina presencia.
La misericordia es una hermosa virtud, que gana almas para el Señor, virtud que nuestros ángeles
abrazan, porque en la misericordia está el amor más puro y la purificación de nuestros pecados. La misericordia se deriva del latín “miser” (desdichado) y “cor, cordis” (corazón). En otras palabras, significando el tener un corazón compasivo y tierno hacia quienes padecen de distintas necesidades. A través de la oración fortalecemos nuestros hermosos actos nobles basado en la oración y en la misericordia. Nos podemos preguntar: ¿Por qué orar para que mi vida corra de manera simultánea con una vida basada en los pilares de la misericordia? Santa Faustina en su
diario, nos contesta: “En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar, porque de lo contrario, caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora (…) para poder levantarse” (Diario146).
Los ángeles nos asisten y nos iluminan el camino para purificar nuestra alma en nuestro camino terrenal. La purificación es necesaria porque de esta manera nos volvemos más susceptibles ante el amor y el pedido que Dios nos hace día a día. Estamos puros y llenos del Espíritu Santo que nos da el entendimiento y la sabiduría, elevándonos así a seguir nuestro camino rumbo a la santidad. Es por eso que, en esta hermosa devoción, debemos de evocar a Santa Faustina, pero
también tomar de ejemplo su rutina de alabanza y la oración.
Cuando voluntariamente abrazamos la adoración y la oración, versus abrazar lo que nos ofrece el mundo, podemos sentir más de cerca la presencia de nuestros ángeles que nos acompañan en cada obra de misericordia que realizamos. Los ángeles con humildad y reverencia adoran a Jesús en su máximo esplendor mientras que Jesús emana perdón y misericordia. Ellos nos pueden ayudar a fortalecer nuestras las bases de oración, sumamente necesarias para concentrarnos en mantener la mirada fija en Jesús y para Jesús. Cuando logramos esta óptica, podemos realizar actos de cuidado, tanto físicos como espirituales, y es un atributo importante en la fe cristiana, representando el trato compasivo y de reconciliación de Dios.
Nuestros ángeles son los custodios de cada uno de nosotros. Son servidores de Dios quienes brindan asistencia, guía, amor, misericordia. Su principal objetivo es actuar como mensajeros de paz y protección. Se les conoce como los intercesores divinos que inspiran paz y sosiego. En especial, nuestros arcángeles, que son seres celestiales que actúan como intermediarios y enlaces directos entre Dios y los humanos. La oración es la puerta del alma y es el canal perfecto para conectarse con nuestro Jesús Sacramentado. La misma Santa Faustina, disciplinó sus oraciones, sentimientos y discernimiento
para estar mucho más cerca de Jesús de la divina misericordia. Todos estamos llamados a perseguir la santidad.
Ciertamente cuando caminamos hacia la santidad, podemos sentir como nuestro Padre nunca nos
abandona y nos muestra su majestuosidad. Así lo narra Lucas: “Nada es imposible para Dios”. Confiemos en él, porque él siempre llega a tiempo y nos protege con sus ángeles. Nuestro mejor ejemplo de devoción, entrega y amor es Santa Faustina. Emulemos la adoración y alegría que ella sentía en su corazón. Como católicos, les exhorto a que hagamos eco de nuestro Papa Francisco que una y una otra vez, nos recordaba el regalo que podemos brindar a través de la misericordia “Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo”. Deseándole un
hermoso mes de septiembre, ¡Jesús en ti Confío y Santa Faustina ruega por nosotros!

Ángeles, mensajeros de la misericordia
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