Doña Nitza Ríos, madre de Anelliz Mercado, desgranó su fe en una actitud de fiel seguidora de Cristo. Caminó la milla extra y no permitió que el oleaje mundano empañara su discipulado. Sus lágrimas, pan de cada día, le sirvieron de amortiguadores para repechar la cuesta del sufrimiento y el desvelo. Entre sus manos, un diario escrito con la mirada fija en Jesús, recogía su vía crucis, la ausencia física de su hija, el cariño de jueces y fiscales.

La fe, esa virtud teologal, es la contraseña del que sigue a Cristo en esta demarcación terrenal. Una vez se logra decir el amén de los siglos, y orientarse en amor hacia los hermanos la transparencia adquiere realismo inspirador. Ya el odio rueda cuesta abajo y todo hombre merece una mirada luminosa es una constante, una manera de ser y de pensar. 

Identificarse con Cristo es beber su cáliz, asilarse en su cruz, perdonar siempre. Sin esa huella inspiradora se cae en la religión artificial, una fachada que se adorna para algunas ocasiones pero que carece de autenticidad. La inocente condición del que murió en el madero, se abre en pétalo sutil para los que perdonan, los que tienen su confianza puesta en el Dios Santo y Bueno.

La transformación en Cristo va penetrando en el cristiano a través de un corazón contrito, de un deleite en abrazar al caído y no conformarse con este mundo. No hay que hacer pactos con el mal, ni deleitarse con la caída del hermano, sino abrazar y bendecir, sanar y dar la mano. Es en el yo te perdono que se amplía el amor cristiano, la suave alegría del abrazo y el ya somos uno en Cristo.

La solicitud amorosa es la llave para el perdón y la reconciliación. El Señor Jesús nos perdonó a todos y se abrazó a la cruz para libertarnos. Calcar y vivir el misterio es trascender, dominar la circunstancia adversa y cantar el Aleluya que reivindica, da plenitud a la existencia. Una vez estremecidos por la gracia divina en el perdón, se avanza hacia la claridad y las lágrimas se tornan en perfume orientador, bálsamo que no se acaba.

El cristiano se hace luz en las tinieblas y contradice de la vida como escenario hostil. Amar es la fuerza más grande y es un regalo de Dios. Los que viven en Cristo cosechan entre cantares y levantan el corazón sobre toda forma de esclavitud y angustia. Ser religioso no es una forma externa, sino que va por dentro, como una verdad que marca el paso, que acelera el día de la amnistía y el  perdón global.

La lección está dada como una parábola dulce, como un acatamiento de la voluntad divina. Todos podemos aprender y llegar a rescatar la virtud para vivir mejor. Doña Nitza nos ha dado una bella poesía que está amparada en el tierno corazón de Cristo.

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

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