La comunidad cristiana se ha desbordado en fervientes deseos de pronto restablecimiento para mí que he visitado el hospital en estos días de bello nacimiento y días humanos. Estoy acostumbrado a partir el pan con los feligreses y esa reserva luminosa me acompaño en la meditación, en los rezos, como en el pensamiento desbordante de incógnitas.

Estar cerquita, con las fuerzas del servicio honrado, ha sido la llave maestra, el encuentro con el Pueblo de Dios, los bautizados, que inyectan luz a la comunidad que se alimenta con la Eucaristía. Hermanos en el amor a Cristo, discípulos en categoría de sanar, bendecir. Sin los servidores, el sacerdote se hace extraño; un predicador con tema gastado, uno que viene de lejos.

Para mí, que soy narrador del dolor de los pobres, me oriento con sus conquistas, con su audaz mirada en medio de un mundo en ascuas. Siempre me han colmado de bendiciones, me han dictado la Buena Nueva de Cristo, me han bendecido… Ellos me ayudan a cuidar la grey, a no permitir que me alinee con los poderes de este mundo.

La alegría de estar cerca del pueblo es curativa y encierra verdades que desafían la mirada hueca de aquellos que tienen la agenda escrita. Un bautizado, convertido a Cristo, es una ganancia, una lotería mayor. La humildad y la serenidad deben reflejarse en el proceder en su alegría de estar al lado del Señor Jesús.

Amar con inmensa alegría es abrazar a los humildes, darles un puesto en la vida parroquial. El sacerdote sin el séquito de los bautizados pierde su ruta y entonces la soledad se torna más pesada. Somos para servir sin esperar recompensa alguna, para abrir un horizonte de cátedra que nutre, que sana.

Estoy alegre porque a los que serví con amor, hoy me devuelven una sonrisa, una esperanza y una oración con fibra. Hoy vienen los limpios de corazón, los que exhiben la sencillez como fórmula de bien y de cariño. Es la Iglesia que se eleva por encima de cualquier criterio mundano.

Gracias a todos por su amor y cariño. Están conmigo siempre en las buenas y en las malas. Con ustedes brindo el buen vino de amor y el agradecimiento se hace miel, medicina curativa.

Padre Efraín Zabala

Editor

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here