En el libro del Deuteronomio, a punto de despedirse del pueblo para irse a morir en el Monte
Nebo, Moisés le recuerda al pueblo de Israel que deben amar a Dios por encima de todo, ya que,
nuestro Dios, es un dios cercano, que ha estado caminando con el pueblo de Israel en las buenas
y en las malas.
San Pablo le dice a los cristianos de Colosas, que Jesucristo es el gran acto de amor de Dios
puesto que hace de Jesucristo, la fuente de toda la creación.
El Buen Samaritano es una de las parábolas exclusivas del Evangelio de San Lucas, a través de
la cual Jesucristo les recuerda a sus oyentes que, el segundo mandamiento de la Ley de Dios es el
amor al prójimo.
Quiero comenzar con una clase de historia de la gramática. Una letra de nuestro alfabeto que ha
tenido muchas variantes en cuanto a su pronunciación es la letra X. A veces suena como cs
juntas (excepto, exhausto), pero a veces suena como jota (México, Texas). Así que, las palabras
prójimo y próximo son exactamente lo mismo. Eso es lo que nos enseña la Biblia y Jesucristo lo
enfatiza rotundamente: que la verdadera praxis cristiana es amar a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo o próximo como a sí mismo. De hecho, cuando vemos ilustradas las tablas de la ley,
están divididas en las dos clases de mandamientos: los tres primeros referentes a Dios, y los
restantes siete referentes al prójimo (padres incluidos).
Si una cosa quiso enfatizar Moisés, antes de irse a morir al Monte Nebo, es que el pueblo de
Israel nunca olvidara que solamente hay un Dios, al que hay que amar sobre todas las cosas.
Jesucristo hacía gala de eso, puesto que todo lo que hacía lo hacía en relación de su Padre. La
palabra ABBA estaba constantemente en la boca de Jesucristo. Jesucristo nos recuerda
constantemente que tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas, puesto que Dios nos ama
hasta el punto de darnos a su Hijo.
De esto es lo que nos habla San Pablo en su carta a los Colosenses. La Creación entera es un
regalo de Dios que nos ama, y porque Dios nos ama, ha puesto a su Hijo Jesús como la fuente de
toda la Creación. Cuando San Pablo llama a Jesús el Primogénito de la Creación, no es porque
lo haya creado primero, sino que es el Hijo la fuente, la Génesis, de toda la creación. Al leer este
pasaje nos podemos referir al Prólogo de San Juan, cuando se nos dice que “por el verbo todo fue
creado y nada fue creado sin Él. (Jn. 1,3).
El problema que vio Jesús fue que a los líderes religiosos se les olvidó la otra cara de la Ley: “el
amor al Prójimo”, predicando una religión desencarnada, sin amor, sin solidaridad. De ahí es
que compone la hermosa parábola del Buen Samaritano, para denunciar la religiosidad hipócrita
de los maestros de la Ley fariseos, que predicaban una religión sin amor. Dios es amor, nos lo
dice San Juan Evangelista en su primera carta y, a través de esta carta, San Juan nos profundiza
sobre la dimensión del amor a Dios, que se concreta en el amor al prójimo: “Si dices que amas a
Dios, al que no ves, pero no amas al prójimo a quien ves, eres un hipócrita”. Ojo, no caigamos
tampoco en el otro extremo de amar al prójimo pero olvidarnos de Dios, no amarlo ni rendirle
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Amar a Dios y al prójimo
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