En el Tercer Domingo de Adviento, Domingo de Gaudete, cuando la Iglesia se llena de alegría por la cercanía de la Natividad del Señor, la familia franciscana de Puerto Rico celebró con profundo gozo la Eucaristía, en un ambiente marcado por la esperanza, la fraternidad y la espiritualidad franciscana.
En el marco de esta celebración, la Orden Franciscana Seglar, fundada por San Francisco de Asís hace más de 800 años, fue testigo de un momento significativo: el periodista puertorriqueño Luis Penchi Ramírez y su esposa Elba Elmer realizaron públicamente sus promesas como franciscanos seglares,
comprometiéndose a vivir el Evangelio desde la sencillez y la alegría propias del carisma franciscano.
Con este paso, ambos asumen el llamado a encarnar la alegría del Evangelio en la vida cotidiana, haciendo de la espiritualidad franciscana el centro de su existencia, en medio de sus responsabilidades familiares, profesionales y sociales. Se trata de una vocación que no aparta del mundo, sino que invita a transformarlo desde dentro, con gestos sencillos, cercanos y profundamente evangélicos.
La Eucaristía fue presidida por fray Gerardo A. Vargas Cruz, OFM, asistente espiritual de la Orden Franciscana Seglar, quien en su reflexión destacó que el Adviento es un tiempo de despertar, un tiempo que invita a abrir los ojos y el corazón a una manera renovada de vivir la fe cristiana.
El celebrante utilizó la imagen bíblica del tronco seco, recordando que, aun cuando la vida parece árida o sin futuro, Dios siempre promete un renuevo. Un renuevo que no solo brota, sino que hace florecer todo el entorno. A la luz del Evangelio proclamado, fray Gerardo subrayó que cuando Jesucristo llega a la vida del ser humano, lo primero que comienza a florecer es la esperanza: los ciegos ven, los cojos caminan, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.
La celebración, enmarcada por la alegría propia de este tiempo litúrgico, contó con la participación de miembros de la sociedad civil, representantes del mundo de la radio y de la política, así como fieles de diversas parroquias, que han acompañado a estos hermanos a lo largo de su caminar cristiano y han compartido con ellos el gozo de vivir el Evangelio como estilo de vida.



