Le llaman perspectiva, que es palabra ambigua y que encierra algo aceptable o no. Los términos deberían ser o ‘igualdad de género’ o más apropiado ‘ideología de género’. La igualdad y dignidad de hombre y mujer la aceptaremos cada vez más. Pero… Esta ideología es un conjunto de conceptos sobre la realidad humana de hombre y mujer. Ante ese pensamiento surge luz roja.  Porque simplifica la realidad hasta el absurdo.  Defiende que el género es producto de la cultura, no de la naturaleza.  Te han hecho ‘varón’ o ‘mujer’, no lo eres por tu naturaleza. Distinguen entre sexo (lo que innegablemente soy por biología) y género (lo que decido sentirme). Luego hay tantas posibilidades de género como las que se puedan crear. Por eso ese lobby ha ido cambiando su nombre desde lgbtiq; pero la retahíla ha aumentado hasta lgbitttiqa+… Y el + es porque tal vez surjan más letras. Ya parece ser caso de siquiatra.

Hablan ellos solo de roles de género, que son aprendidos. Por eso, dicen, te han construido. Se trata, por tanto, de deconstrucción.  La naturaleza, lo hormonal, lo biológico o cerebral, en que claramente son diferentes hombre y mujer, no tiene nada que ver.  Yo decido, rompiendo con lo cultural, lo que quiero ser y comportarme como tal.  Ciertamente reconocemos que muchos imperativos culturales entran en el concepto que cada uno tiene de sí mismo.  Y estos imperativos pueden ser falsos o superables.  Ningún género debe estar por encima del otro.  Cuestionamos así el que ‘el hombre es de la calle, la mujer de la casa; el fuerte es el hombre, la mujer la débil; quien manda es el hombre, la mujer se somete’…  Nosotros solemos decir que las tareas no requieren de género, sino de quién tiene la habilidad y el tiempo.

No hay problema en que decidas que eres Superman y te lanzarás al vacío desde la torre Eiffel.  Nos parece loco, pero es tu triste decisión.  Lo cuestionable es que obligues al otro a aceptarte como Superman, o a inducir a otros a que lo crean.  Eso es a lo que aspira esta agenda de ideología de género.  El problema es que empujan fuertemente a que el estado acepte y promulgue estas realidades a la sociedad sin que tengan ninguna base científica.  Y que al niño se le enseñe a pensar así.  ¡Y terminan en casi hasta ciento doce géneros!  ¡Y que el estado obligue a aceptar esta realidad y multar al que la niegue!  Hay ejemplos en países latinoamericanos. Imponen una creencia que toleramos que sea personal, pero no para imponerla a todos. La realidad hormonal, genética, neurológica no se puede negar.  Y esos son datos científicos.

Ante este pensamiento primero nuestra fe cristiana tiene que respingar; aunque no me empeñe en condenar al que así piense o actúe.  Pero también protesta la libertad que exigimos en una sociedad pluralista.  Por eso afirmamos que a los padres es a quien primordialmente pertenece la enseñanza de valores y la educación.  Imponerme una forma de pensar que va contra mi forma, y esto porque así lo manda el Estado, va contra mi conciencia y es dictadura.  Peor aún, es un ataque directo a la familia, cuyos derechos el Estado debe proteger.

Desde luego, somos todos hermanos.  No tengo derecho a juzgar cómo Dios ve a cada persona en sus decisiones personales.  Así lo expresó el papa Francisco al preguntarle sobre los homosexuales.  Toleraré a los que piensen o actúen de esa manera.  Abriremos nuestra mente para superar defectos patriarcales o normas de otras épocas, ya claramente fuera de sitio.  Pero resistimos que se quiera obligar a la sociedad, y a los niños, a aceptar y vivir, y actuar, según esa forma de pensar.

 

 

P. Jorge Ambert, S.J.

Para El Visitante

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