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Con estas líneas quisiera engalanar y homenajear a los antecesores, ejemplos de fe y tradición por excelencia: las abuelas y los abuelos. Son el mayor tesoro de la familia. Aquí también entran los mayores en nuestras comunidades parroquiales. La vida de ellos, como una vela con la mayoría de la cera consumida, da cátedra de un camino rebosante de desafíos, amores, recuerdos y añoranzas. Entre retratos y recuerdos, los abuelos y mayores mezclan el tiempo para vivir el presente, con profundos sentimientos por el pasado y entregándose a la Voluntad de Dios en el futuro.

Este año la III Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a celebrarse el 23 de julio, lleva por tema el pasaje bíblico (Lc 1, 50): «Su misericordia se extiende de generación en generación». Apremia enseñar a los niños y jóvenes el valor de los abuelos y mayores porque solo así llegará el abrazo anhelado y conciente. No debemos esperar más para un “eres importante para mí”, “has sido una inspiración”, “tu ejemplo me enseñó”, “te amo” y “estás siempre en mi corazón”. Hagamos que esa abuela, abuelo y personas mayores se sientan primereados misericordiados, como dice el Papa Francisco. En su mensaje por esta Jornada, el Papa Francisco ha invitado a los jóvenes a abrazar a los abuelos y los mayores como una preparación para la JMJ.

Por eso, al teminar la misa no olvidemos ir donde los mayores y agradecerles por su ejemplo, orar por ellos y visitarlos. Hay 14 obras de misericordia que esperan por la acción de los seguidores fieles de Jesucristo. Y en Puerto Rico hay pobreza y necesidad. La mirada de esos Cristos sufrientes mayores es una mirada fija, que espera y no se cansa de esperar en el balcón. Es el mismo Jesús que aguarda y no pide mucho, solo una conversación amena para matar la soledad.

Y a los abuelos y los mayores, por favor no dejen de ser ejemplo fiel y orar por Puerto Rico, por nuestra Iglesia y nuestra juventud, por los nietos, por nuestros niños y jovenes en las comunidades parroquiales. Su oración es un incienso que se eleva para agradar a Dios y clamar por su bendición para los que levantarán un mañana lleno de fe, esperanza y caridad. Pedimos su bendición para recibir ese tradicional y fervoroso: “Dios te bendiga”.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

Twitter@Enrique_LopezEV

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