“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.  Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento.  Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”, EG 1. Con el Papa Francisco llamamos a nuestro pueblo a renacer y a fortalecerse en la fe y la esperanza para reconstruir y recrear nuestra sociedad puertorriqueña afianzándonos en los valores cristianos que nos vieron nacer en medio de la historia hace más de cinco siglos.

A este pueblo de Dios que peregrina en la fe y la esperanza, y ante esta nueva realidad de País que nos ha dejado el huracán María, le extiendo mi oración y bendición en la alegría que brota del Evangelio. Nos dirigimos a ustedes para expresarle nuestro abrazo solidario e invitarles a ser firmes en la fe y a fortalecerse en la confianza de la providencia divina que nunca nos abandona. La situación de devastación que sufrimos nos da la oportunidad de valorar lo esencial y de aprender a deshacernos de las cosas superfluas que minan nuestro espíritu personal y colectivo.  La vida humana es nuestro don más preciado y se sostiene en el amor de Dios por todos sus hijos.  Busquemos alimentar esa relación filial con Dios y dejemos que afloren desde nuestro interior los más nobles sentimientos de la comunión fraterna, la solidaridad, del servicio y la generosidad.

Al comenzar este Adviento, dejémonos conducir del amor maternal de la Virgen María, la Madre Dios y Madre de la Iglesia, para superar la devastación que nos dejó el huracán que llevaba este nombre. Que la Palabra de Dios nos llene de fe, de esperanza y de alegría mesiánica, como a la Virgen María. En medio de la oscuridad, de estrechez y pobreza, la Virgen María y José, nos anuncian y nos traen al Mesías: Jesucristo, Luz del Mundo, la Buena Nueva para todos los pueblos.  Que esa Luz irradie en nuestros corazones y hogares, en cada comunidad y en nuestro pueblo, y nos encontremos con Jesús que nos llama a ser sus discípulos misioneros. Que pastores y pueblo, le acojamos como Mesías y celebremos la más alegre Navidad del mundo en nuestra tierra borincana.  Los elementos propios de nuestra cultura religiosa, tales como, las Misas de Aguinaldo, la tradición musical de aguinaldos y villancicos, la alegre celebración de la Navidad y del Año Nuevo, las parrandas, las promesas y fiesta de los Reyes, nos llaman a iniciar el nuevo año litúrgico en un proceso colmado de discipulado misionero.  ¡Qué brote la alegría y reine la paz en nuestros hogares!

Sigamos creciendo y dejemos que Jesús nos muestre el camino de la salvación por medio de la cruz, de su pasión y su pascua. Escuchemos su Palabra y dejemos que se cumpla la voluntad del Padre en nuestras vidas. Seamos discípulos misioneros y hagamos realidad la Misión Continental en esta tierra bendita.  Que esta Iglesia se afiance en su misión y sea forjadora en nuestro suelo del  “cielo nuevo y la tierra nueva” que todos añoramos.  ¡Dios bendiga a Puerto Rico y al mundo entero!

Mons. Eusebio Ramos Morales

Obispo de la Diócesis de Caguas

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