[…]1. Respetar al manifestante: Nadie debe arremeter contra quien se manifieste pacífica y ordenadamente. Un gobierno manifiesta sus valores y su tolerancia por la manera en que trata a sus ciudadanos que discrepan del mismo. De la misma manera que el manifestante exige respeto de las autoridades, de esa misma manera todo manifestante está llamado a respetar a las autoridades. El respeto debe ser el uniforme que distingue a manifestantes y autoridades. Un uniforme que cuando más perfectamente lo decoramos es con la tolerancia.

2. Procurar la paz: la paz es la mejor manera de mostrar respeto a la dignidad humana y civismo: Procurar la paz es ser agente de paz, es no promover la violencia; procurar la paz es signo vivo del convencimiento de la legitimidad de lo reclamado. “Para prevenir conflictos y violencias, es absolutamente necesario que la paz comience  a vivirse como un valor en el interior de cada persona: así podrá extenderse a las familias y a las diversas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 495). No hagamos de la paz una meta o una pretensión, sino nuestro estilo característico de protestar y manifestarse, y gobernar.

3. No dañarás a tu prójimo: el policía es el prójimo del que protesta; el que protesta es el prójimo del policía, empleados y patronos son prójimos entre sí; al igual que son prójimos gobierno y gobernados, legisladores y constituyentes. Protestar es luchar por unos derechos y no luchar contra los demás; el prójimo es tu hermano. Como a Caín, Dios nos reclama por la sangre del hermano.

4. No dañar la propiedad pública ni privada. No solo esto constituye un delito sino que desmerece los reclamos. La protesta construye, el daño destruye.

5. No bloquear vías públicas, ni accesos de entradas o de salidas de otros ciudadanos y ciudadanas: estas acciones pueden causar contratiempos y daños al prójimo. Pueden ocasionar que ambulancias no puedan llegar a tiempo a los hospitales para salvar vidas, que personas no puedan llegar a sus trabajos, pierdan vuelos, citas médicas, repito, que reciban servicios médicos que salven sus vidas

6. No agredir al prójimo: Las agresiones no forman parte de las protestas, las agresiones las desfiguran. En las protestas y manifestaciones lo que queremos es que corran las ideas y los reclamos, no la sangre. Las agresiones hacen más daño a quien las hace y a las causas que dice defenderqueaquienlassufre. Dios nos dio al prójimo para amarlo y perdonarlo, no para agredirlo; en el prójimo se ve a uno mismo cuando miro al otroconelespejodemicorazón; claro, si mi corazón está quebrado, veré al otro distorsionado.

7. Noafectarservicios esenciales para la seguridad, la salud, la educación y la vida: Nunca se puede justificar en aras de reclamar unos derechos, atentar contra los servicios esencialesparalavidahumana como lo son su acceso al agua, a la salud y a los servicios eléctricos. Quien sobrepone sus reclamos a estos servicios esenciales se convierte en enemigo del bien común y la seguridad humana y social.

8. Noutilizarlafuerza policiaca contra manifestantes que lo hagan pacíficaylegalmenteyaplicar la paciencia y la prudencia cuando se provocan alasfuerzasdeseguridad: Es mejor, esperar y dialogar antesdearrestar.“Lapaciencia todo lo alcanza” y también la no violencia. Si en algún momento las democracias se pueden poner a prueba es en las manifestaciones y las protestas de sus ciudadanos. En una democracia no puede haber lugar para la criminalización de los manifestantes, para su carpeteo y mucho menos para la reprensión. No obstante, cuando se entienda justo y necesario para los fines de la justicia, todo uso de fuerza debe ser proporcionado, dentro del marco legal y jurídico.

9. Rechazar la violencia en todas sus manifestaciones: la violencia es un cáncer y un espiral: La violencia es una negación de la dignidad del otro. La violencia en las protestas le infl ige una grave herida al corazón afl igido de nuestra patria. La violencia deslegitimiza toda acción. Si la violencia viene de los manifestantes, habrán desprestigiado su causa y se convierte en un crimen; si viene del gobierno, han convertido su autoridad en un burdo abusoytambiénenuncrimen. “La violencia no constituye jamás una respuesta justa. La Iglesia proclama, con la convicción de su fe en Cristo y con la conciencia de su misión, que la violencia es un mal, que la violencia es inaceptable como solución de los problemas, que la violencia es indigna del hombre. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano” (Ibid. 496). La huelga es un recurso importante y necesario, pero “resulta moralmente inaceptable cuando va acompañada de violencias o también cuando se lleva a cabo en función de objetivos no directamente vinculados con las condiciones del trabajo o contrarios al bien común” (Ibid, 304).

10. No nos matemos los unos a los otros: No matar no necesariamente significa quitarle la vida física al otro. “También hablar mal de otro es matar, porque la raízeselmismoodio: notienes el valor de matarlo o piensas que es demasiado, pero lo matas de otra manera, con lashabladurías, lascalumnias, la difamación… se mata al hermano, porque el insulto ‘tiene una raíz de odio…no debemos matar al hermano’ precisamente en cuanto que élesnuestrohermano:‘tenemos elmismopadre… quieninsulta mata, asesina’ (Ref. Papa Francisco: Cuando El Odio Mata; 12 de junio de 2014). La falta de amor, de caridad, de solidaridad y sacrificio, también nos mata como sociedad. Quien protesta es mi hermano, quien gobierna, es miotrohermano. Somostodos hijos e hijas de esta tierra.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here