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Sor Laura Teresa Rodríguez Veve es religiosa de la Congregación de las Misioneras del Sagrado Corazón, una fundación que tuvo lugar en República Dominicana en 1964 y que se ha extendido ya por varios países, incluido Puerto Rico.

Nacida en Guaynabo, Sor Laura es la menor de tres hermanos que crecieron en el seno de una familia católica: “De mi padre aprendí la doctrina, y, de mi madre, la parte apostólica de la fe”, recordó la religiosa de 32 años.

Sobre su niñez y adolescencia compartió en entrevista con El Visitante: “De pequeña tuve el regalo de conocer a Jesús en la Eucaristía. […] Sin embargo, como a mis 16 años, el Señor me permitió experimentar un vacío muy grande en mi interior y, a pesar de que no me faltaba nada, descubrí que había un hueco en mí que solamente Dios lo podía llenar”.

Esta experiencia dio paso a una serie de preguntas sobre el propósito de su vida y, a lo largo de un proceso de discernimiento que reconoce “me daba miedo”, descubrió tres llamados concretos.

El primero, a la santidad: “Yo iba a misa con mi familia los domingos, pero el corazón no estaba del todo entregado. […] Tenía todo planificado para mi vida, pero, cuando me tomé en serio el camino de la fe, dije: Señor, yo nunca te he preguntado a ti qué es lo que quieres tú. Abrí mi vida y mi corazón a Dios: lo que tú quieras”.

En segundo lugar, un llamado esponsal: “Sntí que me quería para Él”, añadió.

El tercero, continuó: “A una vida de oración, de intimidad profunda con el Señor. Yo digo como un llamado al desierto”.

A la edad de 20 años, ingresó en el Monasterio San José de las Monjas Carmelitas en Trujillo Alto. Allí permaneció durante ocho años, lo que describe como tiempo de gracia y riqueza espiritual que le preparó a la misión cuando sintió la llamada de seguir sirviendo a Dios como consagrada, pero en la vida activa. 

La alegría de su entrega se expresa por la sonrisa que no se desdibuja de su rostro y la pasión con la que transmite su amor a Jesucristo. Quiere vivir con una sonrisa y un gracias que, sin duda, nacen de tres cosas concretas que compartió: Jesús Eucaristía, la cruz y María Santísima.

Hoy, Sor Laura continúa sus estudios universitarios en la Facultad de Educación en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Bayamón, y ha profesado sus primeros votos en la Congregación. Da testimonio del gozo de la vida fraterna y de que, en todo su proceso vocacional, Dios le ha guiado. La fuente de la que bebe es el mismo Corazón de Jesús: “Amo y sirvo a los demás, pero es por Él. 

Asimismo, se encomienda cada día a la Virgen María de quien dijo con simpatía y ternura: “Ella siempre sabe arreglar mis caos”. 

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante