A lo largo de los siglos hemos visto como Dios escoge a personas con temores, miedos o lleno de imperfecciones para que sean su voz ante el mundo. Pero, recordemos que, ante nuestros ojos humanos, podemos identificar dichas incapacidades o defectos. Pero ante los ojos de Dios, Él no ve nuestras imperfecciones, Él solo ve nuestra disposición, fe, confianza, aplomo y el amor como lo demostraban sus propios apóstoles, las voces de la Buena Nueva de Jesús. Voces que fueron transformadas para llegar a muchos corazones necesitados y hambrientos de reconocer y entender las inquietudes que Jesús coloca en nuestro corazón. Los procesos de transformación guiados por Dios no son lineales, pero de su mano majestuosa todo se vuelve perfecto.
Es que el amor es la propia fuente de la Misericordia y lo que impulsa el camino divino que todos tenemos en el plano terrenal. Así lo confirma nuestro Papa León XIV: “El amor es lo único que ennoblece nuestra existencia nos hace más semejantes a Dios”. El amor nos vuelve susceptible y cercanos al corazón de Jesús, Santa Faustina lo reconocía en todo momento, ella era el vivo ejemplo de ser llamada por la Misericordia de Jesús e impulsada por su amor. “Deseo ser una pequeña, silenciosa morada de Jesús para que Él pueda descansar en ella. (Diario 1021)”.
Cuando abrazamos las hermosas cualidades que tenían los apóstoles y la propia Santa Faustina,
podemos entender el propósito que tenemos en nuestra vida terrenal. Dios en su infinita misericordia permite lecciones de todo tipo en el camino, pero también, nos restaura el alma para que nos sintamos guiados en todo momento. Tan es así que Santa Faustina, pudo contemplar de cerca con sus visiones y discernimiento, lo que Jesús de la Divina Misericordia quería para el mundo entero y para ella misma. Santa Faustina, al igual que nosotros también tenía un plan divino hermoso en sus manos. “¿Teniendo a Dios en mi interior ¿quién puede perjudicarme de algún modo? “(Diario 455).
Como laicos, mucho escuchamos de la misión espiritual que tenemos aquí en la Tierra, pero la
verdadera pregunta es: ¿estamos haciendo lo mejor que podemos para que esto se haga realidad ante los ojos de Dios? Recordemos, que el cumplir de día a día nuestra misión espiritual es de por si una obra de misericordia. Una misión en el plano terrenal en el que vivimos no es fácil, pero si posible. Santa Faustina, atravesó múltiples pruebas para no dejar de lado su misión espiritual en la Tierra. La oración y la confianza fueron sus pilares y deben ser nuestro ejemplo en nuestro proceder diario. Las misiones espirituales requieren que nos llenemos del amor de Jesús, del gozo del Espíritu Santo y el cuidado exclusivo de nuestra Madre María. Todas las misiones espirituales son distintas y ninguna es más importante que la otra. Cada una es singular pero muy importante en el plan perfecto de Dios. Sin importar nuestras luchas internas y dudas, Él va de nuestra mano, a ser posible lo que para nosotros en ocasiones es imposible. Así es la Misericordia de Jesús. Una misericordia de refugio, restauración, amor, compasión, paz y esperanza.” Mi espíritu está con Dios, mis entrañas están llenas de Dios, por eso no lo busco fuera de mí. Él, el Señor, penetra mi alma como un rayo de luz el cristal puro. A mi madre natural, estando encerrada en su seno, no estaba tan unida a ella como a mi Dios; allá estaba la inconsciencia mientras aquí está la plenitud de la realidad y la conciencia de la unión (Diario 833)”.
La Misericordia como propósito no consiste en tomarle pena ni lástima a otro (a) hermano (a) en una circunstancia o eventualidad. Todos en nuestro propósito divino, necesitamos la Misericordia siendo recipientes de esta, pero también necesitamos proveer Misericordia a los corazones cansados y abatidos. En ocasiones no nos sentimos dignos de la Misericordia que Jesús nos ofrece y pedimos un clavel de amor cuando Jesús nos tiene un jardín de paz, amor y regocijo. “Muchas más cosas te diré cuando hables Conmigo en lo profundo de tu corazón; allí nadie puede impedir Mi actuar, es allí donde descanso como en un jardín cerrado (Diario 581)”.
Recuerda que Dios ve en ti, lo que nadie más ve y más importante aún, ya vio tu corazón y contempla como vivimos con propósito divino a través de la Misericordia. ¡Prepara tu corazón para que sea tocado por Jesús y sal al encuentro de tu propósito de vida! “Cuando contemplas en el fondo de tu corazón lo que te digo, sacas un provecho mucho mayor que si leyeras muchos libros (Diario 584)”. Queden con Santa Faustina y el amor de nuestro propósito divino: su majestuosa misericordia. ¡Jesús en ti confío!

Viviendo la misericordia con propósito divino
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