En un ambiente cargado de silencio reverente, oración comunitaria y fe firme en la promesa de la vida eterna, la Iglesia arquidiocesana de San Juan se reunió el 27 de junio de 2025 en la Parroquia Santuario Nuestra Señora de Lourdes, en Trujillo Alto, para celebrar la Misa Exequial de Doña Blanca O. González Santiago, madre del prelado.
La Eucaristía fue presidida por el propio Monseñor González y concelebrada por sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas. Entre incienso, cantos y gestos litúrgicos profundamente significativos, la Iglesia dio gracias por la vida de una mujer marcada por la fe, el silencio y la entrega, que dejó una huella discreta pero luminosa en quienes la conocieron. Doña Blanca,
terciaria de la Orden del Carmen, vivió su vocación laical en espíritu apostólico de oración constante, humildad y servicio silencioso. Su escapulario fue testimonio visible de una vida consagradainteriormente a la Virgen del Carmen y signo de su esperanza en la promesa
de María: “Quien muera con este escapulario no sufrirá el fuego eterno.” Virgen María a San
Simón Stock.
Durante la homilía, Monseñor González expresó con emoción contenida palabras de gratitud y contemplación del misterio de Dios en la vida de su madre: “Un amor que se manifestó también en mamá, un amor acogido, cultivado, atesorado, un amor que fue madurando en su vida, un amor compartido, un amor abonado, con la ayuda siempre presente de María y la espiritualidad carmelita como terciaria que es. Oremos para que ella contemple cara a cara a la Santísima Trinidad.”
La liturgia proclamó el Evangelio según San Juan (20, 11–18), en el que María Magdalena reconoce al Resucitado cuando Él la llama por su nombre. Este gesto de intimidad divina resonó en el corazón de todos los presentes, como una palabra también dirigida a Doña Blanca, llamada ahora por su nombre a la presencia del Maestro: “Jesús entonces le dijo: ¡María! Ella se volvió y le respondió en hebreo: ¡Rabuní! (que quiere decir ‘Maestro’)” (Jn 20,16).
También su hija, Tania González González, compartió un emotivo mensaje de agradecimiento al concluir la celebración: “Yo quería extender, como mi hermanito les decía, gracias por todo el amor que le tienen a mami. Gracias por tantas muestras de cariño, gracias por todos los abrazos.
De verdad que mami vivió a plenitud esos 98 años, 6 meses y 9 meses de embarazo, como ella acostumbraba a decir, y nos hacía consciente de eso. Vivió sirviendo, vivió amando. Tremendo legado. Gracias, gracias, son las palabras que puedo decir. Si bien duele la partida, más es el agradecimiento. La fe y la gracia de Dios nos da paz y nos sostiene. Oren por ella y oren por nosotros.”
Doña Blanca fue recordada como una mujer de fe profunda, madre amorosa, silenciosa testigo del Evangelio. Su vida oculta en Dios fue semilla que dio fruto abundante, especialmente en la vocación sacerdotal de su hijo.
En esa comunión eclesial, el altar se volvió lugar de paso: de la tierra al cielo, de la maternidad terrena a la maternidad espiritual, del dolor a la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, acompañó con gratitud a una de sus hijas más fieles.
El alma de Doña Blanca y la de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios,
descansen en paz. Amén

Una vida entregada al amor, la oración y el servicio
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