Bajo el impulso del Espíritu Santo, cientos de fieles de toda la Isla se congregaron para celebrar con entusiasmo y profunda fe la Vigilia Nacional de Pentecostés 2025 en el Coliseo Pedrin Zorrilla de San Juan. Desde el inicio, la experiencia fue descrita como una auténtica manifestación de alegría, unidad y esperanza. La expresión compartida en redes sociales, “el Espíritu Santo te espera en el Cenáculo”, se convirtió en una invitación abierta y viva a sumarse a un momento privilegiado de gracia y comunión.
El ambiente en el lugar estaba cargado de entusiasmo espiritual. Se sentía el palpitar de una Iglesia viva que alaba, intercede y espera. Durante la Asamblea de Oración, uno de los momentos más intensos de la vigilia, los asistentes se unieron en un solo clamor: abrir el corazón al Espíritu del Señor. A través de cantos, testimonios y súplicas, se vivió una efusión visible del amor de Dios, y muchos expresaron sentirse renovados, reconfortados y llamados a algo más grande.

La celebración alcanzó conto con la celebración de la Santa Misa, presidida por el Arzobispo Metropolitano de San Juan, Mons. Roberto O. González Nieves, acompañado por el Obispo Auxiliar Mons. Tomás González González y numerosos sacerdotes y diáconos. En su homilía, el Arzobispo ofreció una meditación profunda sobre el misterio del Espíritu Santo como fuerza que hermana, que consuela y que nos lanza a la misión.
Recordando las palabras del Evangelio de San Juan, “la paz esté con ustedes”, Mons. Roberto destacó que Jesús resucitado no se presenta sin mostrar sus heridas. “En cada Pentecostés, Jesús se hace presente con sus llagas para que nunca olvidemos las heridas del cuerpo místico de Cristo, que somos todos nosotros”, expresó. En este sentido, nos urgió a mirar con compasión las heridas del prójimo: los pobres, los marginados, los migrantes, los descartados.
Citando al Papa Francisco en Fratelli Tutti, afirmó que el verdadero cristiano no puede ayudar a distancia, sino que debe estar dispuesto a “ensuciarse”, a implicarse en la vida del otro, como el Buen Samaritano. “El otro no es un paquete que hay que entregar, sino alguien que hay que cuidar”, subrayó.
El Arzobispo también exhortó a dejar atrás el ego, las divisiones y la indiferencia, y a vivir animados por un Espíritu que unifica y fortalece. Retomando las palabras de San Pablo, recordó que “hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu”, y que a cada cual se le da una manifestación del Espíritu para el bien común.

La Vigilia Nacional de Pentecostés culminó con un fuerte llamado a permanecer en oración, vigilantes, con las lámparas del corazón encendidas y con el aceite de la alegría. Unidos como un solo pueblo, los fieles proclamaron con gozo: “Jesús es el Señor. Jesús es nuestro amor y nuestra alegría”.
La Vigilia de Pentecostés 2025 quedará en la memoria como un acontecimiento de fuego espiritual, de unidad profunda y de envío misionero. Una noche en la que, sin duda, el Espíritu Santo se derramó una vez más sobre su Iglesia.



