Se acerca el inicio de la Semana Santa, un período muy esperado y especial en nuestra Iglesia. De alguna u otra manera, todos hemos sido tocados por la Cuaresma, ya que en el día a día, somos probados en la fe y en nuestro carácter como católicos. Dios vio y seguirá viendo nuestro esfuerzo en todas las nuevas encomiendas que quisimos realizar. Es por eso, que vale la pena reflexionar acerca de como le daremos una bienvenida especial a Jesús en la Semana Mayor: Con un ramo de Misericordia desde nuestro nuevo corazón.
Este próximo Domingo de Ramos conmemoramos la humilde entrada que tuvo Jesús en Jerusalén. ¿Te has preguntado si estás dispuesto a que en tu corazón se pueda dar esa entrada? Ojalá la respuesta sea que si y que vivamos esa entrada como un encuentro mucho más íntimo entre Jesús y nuestros corazones, que reconocen que su amor y fidelidad nos sostiene. Su amor y fidelidad son esa base perfecta para sumergirnos en sus promesas divinas. Ciertamente, somos bendecidos de contar con las mismas.
Al igual que también sería muy hermoso que pudiéramos ver en cada pedacito de nuestro ramito del Domingo, las virtudes y bondades con las que nos cobija la Misericordia. Con solo imaginarme el Domingo de Ramos, si estuviera en la multitud de gente que recibió a Jesús en Jerusalén, creo que sería esa mujer de estatura baja
pero usando mi voz para alabar la entrada de la Misericordia misma: Jesús.
Con un ramito en mano y amor en mi corazón, reconocería en todo momento la misericordia de Jesús hacia ti y hacia mi. Como devota de Jesús de la Divina Misericordia, en preparación para este hermoso día, del Domingo de Ramos, a lo largo de mi vida, medito sobre como a través de mi vida, mi ramito con las virtudes y bondades de la Misericordia han cambiado.
Es que cuando aceptamos a Jesús como el Rey de nuestra vida y vemos como a pesar de nuestras debilidades, Él nos arropa con su compasión, con más fuerza reconocemos como un gesto de profunda misericordia, el inicio de la Semana Santa. Una semana en donde también recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección; pero una semana llena del perdón divino que tuvo Jesús por ti y por mi.
Dicho esto, comparo el significado de la preparación para la Semana Santa, con los valores de la Devoción de Jesús de la Divina Misericordia. Ciertamente, son muy palpables en la entrada triunfal de Jesús en su burrito. Jesús siendo el Rey de Reyes, llegó en silencio, sin protagonismos y en burrito, no en carruajes costosos. La humildad y la docilidad acaparan este momento tan importante para toda la multitud que esperaban por ver a su Salvador. Una vez más, Jesús, se nos presenta como la Misericordia misma.
Recuerden adornar su ramito del Domingo de Ramos con las virtudes de la Misericordia, tales como: el amor compasivo, la fe, el perdón incondicional, el trato con respeto, la confianza y el desprendernos generosamente hacia los demás. ¡Que dichas virtudes que contemplaba Santa Faustina, sean reflejadas en toda su disposición para aliviar el sufrimiento físico y espiritual de quienes nos necesitan! ¡Jesús en ti confío!
Dr. Maricelly Santiago-Ortiz



