Todos tenemos nuestros sueños. Uno de ellos era el poder estar en Cuba, y pienso que para todos los que hemos participado de un modo y otro, también lo ha sido. Nuestro objetivo no era hacer turismo: aunque vimos algunos lugares de la isla, como el Castillo de San Pedro de la Roca también llamado Castillo del Morro, la Catedral de Santiago, la playa del Francés..; tampoco era llevarles cosas materiales: aunque les proporcionamos espejuelos en abundancia, medicinas, baterías; no era ir a hacer un retiro, aunque rezamos con ellos el rosario, asistimos juntos a la Santa Misa…. Nuestro objetivo era compartir con esos jóvenes unos días, concretamente una semana del 11 al 18 de enero. Con ellos visitamos a algunos enfermos de la comunidad del Cobre, conocimos las casas donde viven los que ya son nuestros amigos, jugamos soccer con ellos, reímos y también sufrimos con ellos su penosa situación.
Nos alojamos en la hospedería que está junto al Santuario de nuestra señora de la Caridad del Cobre gestionado por la diócesis de Santiago. Íbamos con visa religiosa facilitada por el párroco. Por la mañana participamos en la Santa Misa de las 9:30 am. Junto a los feligreses del Cobre llegaban todos los días cubanos de distintos lugares de la isla. Algunos de ellos vestidos de amarillo, es grande el sincretismo y la confusión entre la diosa Oshun y la Virgen de la Caridad del Cobre. Muchos le llevan como ofrenda flores de girasol, amarillas, como cumplimiento de sus promesas. En el día van y vuelven a sus casas, con lo que suelen levantarse temprano porque el transporte es muy complicado en Cuba. Los que pueden también acuden a despedirse de la Virgen cuando marchan de la isla. Sin duda es un lugar emblemático para todo cubano.

El contraste es inmediato: como cuando se respira el frio o se huele la humedad; a pesar de estar tan cerca, de ser también una isla bella, todo es muy diferente. En el aeropuerto, aunque no pasó nada grave, uno nota un ambiente raro, diferente: unas normas de actuación que no se ven en otros lugares. Como tomar nota en un papel roto: los días que estaremos allí, a qué venimos… Ya en la calle, los carros viejos, el poco transito … así podríamos seguir describiendo otras muchas deficiencias, pero sin duda lo más grave es la carencia de alimentos. De hecho este pasado febrero, las autoridades cubanas pidieron por primera vez ayuda al programa mundial de alimentos.
Cada mes reúnen en la Parroquia a los niños que tienen alguna condición o enfermedad: les dan una breve catequesis, una merienda y algo que les divierta. Ahora entendemos para que servían los globos que nos habían pedido. En esta ocasión los payasos fueron boricuas, y también las manos que daban vida a las marionetas: Pinocho, Gepeto, el hada…
Sabemos que no podemos remediar su situación, pero si podemos aliviarla un poco, hacerles pasar un rato agradable. También por eso se nos ocurrió llevar espejuelos pues ahora mismo en Cuba recetan pero no disponen de espejuelos. En este año habremos repartido unos 300.
Los muchachos con los que participé frecuentan la residencia Puertorreal en Rio Piedras llevada por personas del Opus Dei. El grupo en su mayoría universitarios aunque también vinieron
algunos más jóvenes. Como decíamos nuestro objetivo era compartir. Pero, ¿por qué? Al ir al evangelio nos encontramos con que eso hizo Jesucristo, compartió con los apóstoles, disfrutó y sufrió con sus semejantes. Resonaban estas palabras del Papa Benedicto XVI: ¨Debemos constatar que los esfuerzos realizados hasta ahora no parecen haber disminuido significativamente el número de hambrientos en el mundo, a pesar de que todos reconocen que la alimentación es un derecho primario. Esto es debido quizás a que se tiende a actuar motivados, sólo o principalmente, por consideraciones técnicas y económicas, olvidando la prioridad de la dimensión ética del “dar de comer a los hambrientos”. Esta prioridad atañe al sentimiento de compasión y solidaridad propio del ser humano, que lleva a compartir unos con otros no sólo los bienes materiales, sino el amor del que todos tenemos necesidad. Efectivamente, damos demasiado poco si sólo ofrecemos cosas materiales¨. 4 de octubre 2007.

Esa frase tiene mucha fuerza: ¨damos demasiado poco si sólo ofrecemos cosas materiales¨. Los cristianos tenemos mucho más que dar, y mucho más que recibir. Queríamos llevarles también nuestro espíritu sobrenatural, nuestro modo de encontrar a Dios en las realidades corrientes de cada día, pero también queríamos aprender de ellos, a encontrar a Dios en ese mar de dificultades. Pienso que se logró.



