El libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata uno de los episodios en los que San Pedro fue rescatado de la cárcel por un ángel.
En su carta a Timoteo, San Pablo se despide de uno de sus discípulos amados (tuvo muchos), porque sabía que su muerte se acercaba.
El Evangelio de San Mateo nos presenta la Carta Magna del Primado de Pedro: Jesucristo dándole las llaves del Reino de los Cielos tras su confesión de fe que Jesús es el Hijo de Dios vivo.
A pesar de que éste sería el XIII Domingo del Tiempo Ordinario, siendo que la celebración de Ss. Pedro y Pablo es una solemnidad, ésta precede sobre el domingo, siendo este domingo, domingo de Tiempo Ordinario. La Iglesia celebra a estos dos apóstoles juntos, a pesar de que cada uno de por sí amerita su propia misa y que ambos tienen también celebraciones aparte durante el año (Cátedra de San Pedro, Conversión de San Pablo, etc.), por unas cuantas razones: murieron en la misma persecución de Nerón en Roma-Pedro crucificado cabeza abajo en el año 64 y Pablo decapitado en el año 67); ambos son piedras angulares de la Iglesia Católica, y ambos son patrones de Roma y del Papado. De hecho, la visita que los obispos le tienen que rendir al papa cada cierto tiempo, la “Ad limina apostolorum”, es las “Tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo.
Como quiero profundizar en la figura de Pedro, mencionaré unos datos de San Pablo. San Pablo se convierte en el personaje principal del Libro de los Hechos de los Apóstoles debido a su mismo autor, San Lucas. San Lucas fue discípulo y acompañante de San Pablo en sus viajes, así que fue una especie de cronista. Además, tengamos en cuenta el tema principal del Libro de los Hechos: el Kerygma-anuncio de la resurrección de Jesucristo, comienza a ser proclamado en Jerusalén, para llegar a la capital del mundo en esa época, Roma. Mientras que, en la primera mitad del libro, el promotor principal del Kerygma y líder de los Apóstoles era San Pedro, en la segunda mitad el que se encarga de llevar el Evangelio por el mundo griego hasta Roma, lo fue San Pablo.
El Evangelio de hoy nos presenta la Carta Magna del Primado de Pedro: su confesión de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y la entrega de las llaves del Cielo por parte de Jesucristo. ¿Por qué Jesucristo hace esto con San Pedro? Porque fue San Pedro quien recibió la revelación por parte de Dios sobre la verdadera identidad de Jesucristo, sin que nadie se lo hubiera dicho. Este dato es bien importante para entender el primado y el ministerio del Obispo de Roma. El Papa es el recipiente y custodio de la Verdad Revelada y así la tiene que presentar a la Iglesia entera. Esto nos remite al libro de Los Hechos, cuando San Pedro tomó la batuta de la Iglesia Primitiva y fue el que comenzó a anunciar el Kerygma, junto con todo el dolor que este anuncio le costó. Los cristianos no lo somos para sentirnos bien sino para seguir el camino que Jesucristo nos ha trazado y para eso hay una persona en este mundo encargada de enseñarle a la Iglesia ese camino y lo es el sucesor de Pedro. Claro está, esto no lo hace desde una perspectiva solitaria ni aislada, sino que está en comunión con toda la Iglesia. Esto es lo que nos ha querido dejar ver el penúltimo sucesor de San Pedro, Papa Francisco, cuando nos inició por el camino de la sinodalidad.
Pero, el Evangelio de hoy no es la única instancia evangélica que nos habla sobre el Primado de Pedro. No podemos olvidar al Evangelio del mismísimo discípulo de San Pablo, San Lucas. En Lc. 22, 31-32 cuando Cristo, a punto de ser apresado, le indica a Pedro que le va a tocar dirigir a sus hermanos, o en el Evangelio de San Juan, Jn, 21, 14-19, que, tras la triple confesión de amor, Jesús le encarga a Pedro que “apaciente a sus ovejas”. Para meditar, ¿no? Oremos por Papa León.



