San Antonio Abad es modelo de espiritualidad ascética y llamado padre del monaquismo. Nació en Egipto hacia el año 250. De joven quedó huérfano, distribuyó todos sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto para llevar una vida eremítica.

Este deseo de Antonio se encendió en su corazón, de forma especial, cuando escuchó en el Evangelio, durante una Misa: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres”, (Mt. 19, 21).

Su opción por Jesucristo fue radical y perseveró con fe pese a las dificultades y al contexto social de la época que incluyó una fuerte persecusión religiosa.

Organizó comunidades de oración y trabajo, pero siempre prefería la soledad en el desierto. A muchos ayudó con sus consejos que fortalecían el alma, y, con las hortalizas que cosechaba, daba a los que carecían de alimento para el cuerpo.

Como el caso de Antonio, en cada tiempo surgen hombres y mujeres santos, llamados a estilos de vida distintos, pero que siempre beben de una misma y sustancial fuente: Jesucristo. El ejemplo de sus vidas persiste como lumbreras que alientan y animan el recorrido de los seguidores de Cristo por este mundo. 

Antonio, con sus prácticas ascéticas y su retirada al desierto, no es sólo modelo para los que han abrazado la vida monacal o eremítica. Si esto es así, ¿qué tiene para enseñar a los laicos?

En un resumen bastante compacto podrían mencionarse los siguientes aspectos que, además, no son exclusivos de este santo y que repelen a la mayoría de los cristianos de este tiempo.

Procurar momentos de soledad. Aprender a estar a solas con Dios enseña a vivir, igualmente, los momentos de soledad y los de compañía; ayuda al conocimiento de sí mismo y a vivir sin apegos.

Conquistar el silencio y, con él, la constante oración desde la montaña interior para vivir conscientes de la presencia de Dios y buscar agradarle en todas las cosas.

Retomar la práctica de la penitencia, aunque sean ofrecimientos pequeños porque esos nos prepararán para los más grandes.

Descubrir la alegría y la libertad que produce vivir sólo con lo necesario porque eso facilita la fidelidad a lo verdaderamente importante. 

Finalmente, todo esto adiestra para un combate de todos los días, a veces sigiloso, a veces estruendoso: la lucha contra el mal. 

Añasco bajo el patrocinio de San Antonio Abad

En Añasco se encuentra una de las dos parroquias dedicadas a San Antonio Abad en la Isla. Ocupa el décimo lugar en el orden de pueblos y parroquias fundadas en tierra borinqueña y pertenece a la Diócesis de Mayagüez. 

La primera construcción del templo data para el 1703. Una segunda iglesia fue construida a principios del siglo XVIII y destruida en 1918 por el terremoto San Fermín. La tercera y actual estructura tuvo lugar en 1919, aunque ha tenido algunas reformas con el paso de los años.

La comunidad parroquial fue atendida por sacerdotes diocesanos y, luego, en 1994, encomendada al cuidado pastoral de religiosos de la Orden Carmelita.

En julio de 2022 comenzó a estar a cargo, nuevamente, de sacerdotes diocesanos: el Rvdo. P. Jorge L. Caro Morales es el actual párroco, y sirven como vicarios los Rvdos. P. Harry López Vázquez y P. Carlos F. Méndez Laracuente, todos puertorriqueños.

El Visitante tuvo la oportunidad de conversar con el P. Jorge, quien señaló a San Antonio Abad como referente para los católicos recordando que, con la vida intensa de oración, Antonio mostraba preocupación por los necesitados. E insistió que la caridad no se practica “mirando de lejos, sino acercándose para ver lo que puedo hacer por el otro y predicando, sobre todo, con ejemplo”.

Con ocasión especial de la fiesta de San Antonio Abad que tiene lugar en el calendario litúrgico cada 17 de enero, la iglesia de Añasco volverá a celebrar una novena en preparación a este día, fijando una vez más la mirada en la vida del santo para meditar en sus virtudes y confiar a su intercesión las intenciones y necesidades personales y comunitarias.

Para ello, según explicó el párroco, cada día de la novena habrá un sacerdote invitado, entre ellos, carmelitas, que ayudarán al pueblo con su predicación a disponer el corazón para la celebración del día 17 en que, después de la Misa, la feligresía realizará la acostumbrada procesión por las calles aledañas al templo parroquial.

Los fieles preparan con entusiasmo estos días y dijo de ellos, con gratitud, que “son una comunidad abierta para seguir creciendo en la fe, fortaleciendo su vida espiritual, su preocupación por la liturgia, su atención a los más necesitados”.

Añasco cuenta, actualmente, con siete capillas y, cada fin de semana, se celebra un total de doce misas.


Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here