“Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. En la vida y en la muerte, somos del Señor”. (Romanos 14, 8)
Con profundo dolor, pero firmes en la fe y en la esperanza de la Vida Eterna, en la mañana de este lunes de Pascua, 21 de abril de 2025, la Santa Sede anunció oficialmente la Pascua de Su Santidad, el Papa Francisco.
El Señor ha llamado a su siervo fiel a participar plenamente del Misterio Pascual que con tanto fervor predicó y vivió. La tristeza humana ante su partida se entrelaza con la certeza gozosa de la resurrección, que él mismo nos enseñó a esperar y a celebrar.
El anuncio pascual que ayer resonaba en nuestras Iglesias, ¡Cristo ha resucitado!, hoy se cumple en quien entregó su vida sirviendo a Cristo y a su Iglesia.
El Santo Padre Francisco nos deja el testimonio luminoso de un discípulo misionero, apasionadamente defensor de la dignidad humana y promotor incansable de la fraternidad universal. Su vida y magisterio fueron canto de amor a los pobres, a los pequeños, a los descartados, a todos aquellos que el mundo olvida. Su legado de compasión y de misericordia seguirá iluminando los senderos de la Iglesia y del mundo, tocando corazones más allá de credos, culturas y fronteras.
Exhortamos a todas las comunidades eclesiales de Puerto Rico a elevar fervientes oraciones de acción de gracias por el don de su vida y su ministerio petrino. Invitamos a celebrar en todas las parroquias, capillas y oratorios la Sagrada Eucaristía, un sufragio por su alma y como expresión viva de comunión eclesial.
Pedimos, finalmente, que en cada celebración litúrgica, en particular durante los días de sus Exequias, se eleve una súplica especial por el eterno descanso de Su Santidad y por la santa Iglesia de Dios, en estos momentos de particular recogimiento y esperanza.
Que el Señor Resucitado lo reciba en la plenitud de su gloria y nos conceda la fortaleza de seguir su ejemplo de fe, esperanza y caridad.



