El pasado sábado, 12 de octubre de 2024, las calles de la ciudad amurallada del Viejo San Juan fueron testigos de un acto de fe y devoción donde cientos de fieles se congregaron en la Catedral Metropolitana San Juan Bautista para participar del evento “Oremos por Puerto Rico”. La ocasión no solo fue una oportunidad para elevar oraciones por la isla, sino también un llamado profundo a la unidad, la esperanza y el compromiso con la construcción de un futuro mejor para todos los que habitamos en la Isla del Cordero.
La jornada inició a las 8:00 a.m. con la celebración de la Santa Misa, donde la palabra de Dios resonó en los corazones de los presentes, invitándolos a poner sus preocupaciones y esperanzas en manos del Señor. En medio de las dificultades que enfrenta Puerto Rico, incluyendo los desafíos económicos y sociales, este evento fue un recordatorio de que la fe consuela e impulsa a la acción. “Oremos por Puerto Rico”, no fue solo una invitación a la oración, sino también a la reflexión sobre nuestro papel activo en la creación de una sociedad más justa y solidaria.
Por las calles adoquinadas
Tras la Misa, los participantes se unieron en una solemne procesión con el Santísimo Sacramento, recorriendo las históricas calles del Viejo San Juan. A medida que el Santísimo avanzaba, los fieles caminaban en oración y recogimiento, llevando sus súplicas al corazón de Cristo. Esta procesión no fue solo un acto simbólico, sino una expresión viva de fe en que, pese a los desafíos que enfrentamos como pueblo, podemos encontrar fortaleza y esperanza en el amor de Dios.
Uno de los momentos más impactantes fue la parada de la procesión frente al Capitolio de Puerto Rico. En ese momento, se elevaron oraciones por nuestros líderes y legisladores, pidiendo que sus corazones sean iluminados por la sabiduría y la compasión para que sus decisiones sirvan al bien común y a la justicia social.
Santo Rosario y el Jericó
El rezo del Santo Rosario, que siguió a la procesión, fue una expresión colectiva de devoción a la Virgen María, madre de todos los puertorriqueños. En cada Ave María y en cada misterio, los participantes entregaron sus preocupaciones, alegrías y esperanzas, reconociendo que María, como intercesora poderosa, nos acompaña en nuestro caminar.
De igual formo se llevó a cabo la oración de Jericó, una tradición que rememora la caída de los muros de Jericó cuando el pueblo de Dios, en obediencia y confianza, rodeó la ciudad durante siete días con oración y fe. Al invocar este momento bíblico, los fieles presentes expresaron su anhelo de ver caer los “muros” de la injusticia, la desigualdad y la corrupción que afectan a Puerto Rico, confiando en que, con la oración, el trabajo conjunto y el compromiso, es posible derribar cualquier obstáculo.
Consagración a los Sagrados Corazones
El evento concluyó de manera emotiva con la consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María en el atrio de la Catedral. El momento fue un acto de profunda entrega espiritual, en el cual todos los presentes se consagraron a los Corazones de Jesús y María, pidiéndoles que reinen en sus corazones y en todo Puerto Rico. Esta devoción es una expresión de confianza absoluta en el amor misericordioso de Jesús y en la protección maternal de María, que invitan a todos a unirse a su llamado de amor y servicio al prójimo. Al consagrar nuestra isla al Sagrado e Inmaculado corazón, los fieles expresaron su compromiso de ser instrumentos de paz, esperanza y justicia. Este acto nos recuerda que, si bien las dificultades pueden ser grandes, la misericordia de Dios y el amparo de María son aún mayores.
A construir un Puerto Rico mejor
Más allá de un acto de fe, este evento fue un llamado claro a la acción. La oración es el primer paso, pero debe ir acompañada de acciones concretas que reflejen el amor y la compasión que Cristo y María nos enseñan. En un Puerto Rico que enfrenta tantos retos, “Oremos por Puerto Rico” fue un recordatorio de que la fe sigue siendo una fuerza poderosa que une a los corazones y transforma la sociedad. Unidos a los Sagrados Corazones de Jesús y María, confiamos en que juntos, con la ayuda de Dios y bajo el amparo de su madre, podemos construir un mejor país para todos.
Luis E. Ramos Zapata



