S.E.R. Mons. Eusebio Ramos Morales

Obispo de la Diócesis de Caguas y Administrador Apostólico de la Diócesis de Fajardo-Humacao

Las Diócesis de Caguas y Fajardo-Humacao están siguiendo muy de cerca los últimos acontecimientos que se han suscitado en el País con motivo de la grave crisis fiscal y la política de austeridad, impuestos y de recortes, con la que se pretende superar esta difícil realidad. Esta álgida situación social, política y económica que vive nuestro pueblo es única y sin precedentes. El gobierno tiene una seria responsabilidad administrativa y fiscal, pero, no puede perder de perspectiva a los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad puertorriqueña. Llevamos años de políticas económicas erradas y contraproducentes que, simplemente, han deteriorado la calidad de vida de nuestra gente y nos han conducido a esta terrible realidad.  Por tanto, ante la indignación y el legítimo derecho de la manifestación pública de los grupos y representantes de la sociedad, exhortamos a las autoridades gubernamentales a la mesura, a garantizar los servicios básicos y al cuidado de la integridad física de todos.  Por tanto, debemos de comprender que este es un momento que requiere reflexión, diálogo, tolerancia, capacidad de escucha y de respeto humano en sus máximos niveles.  Todos somos parte de este pueblo y custodios de la casa grande que es nuestro país.

Así, por tanto, llamamos a nuestros líderes a asumir la responsabilidad histórica que les impone la realidad social  y fiscal por la que atravesamos.  No es momento de fanatismos, partidismos ideológicos ni posturas recalcitrantes que nos polarizan e impiden el diálogo y análisis serio, y que pueden violentar el respeto humano y los derechos de los demás.  Al mismo tiempo, exhortamos a líderes y manifestantes de las diversas entidades y grupos sociales a ejercer el derecho a la expresión, pero, con el mayor respeto y compromiso moral y político que exigen las difíciles circunstancias.  Recordemos que todos somos hermanos y lo que está en juego es el futuro de nuestra estabilidad social y política de nuestro pueblo puertorriqueño.

A los pastores y líderes de las comunidades parroquiales, les invito a acompañar a nuestra gente desde el Evangelio y la Doctrina Social Magisterial con total conciencia y libertad de espíritu y de acción.  Siempre, debemos tener presente la búsqueda del bien común y la justicia social, especialmente, de los pobres y los más vulnerables de la sociedad.  Cargar la Cruz y acompañar al pueblo de Dios en su calvario actual es parte de nuestro deber ministerial.  Oramos por nuestro País, sus líderes y todos los que de una u otra forma, sufrimos los embates de la difícil situación fiscal.  Imploramos a Cristo Resucitado que nos dé su luz y nos muestre el camino como sociedad puertorriqueña para superar la difícil situación.  ¡Qué la Virgen María, Madre de la Iglesia, en su advocación de Nuestra Señora del Carmen, sea la estrella que nos guie hacia la esperanza en la paz y la concordia fraterna!

 

 

 

 

 

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