Los Obispos de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña ofrecen sus mensajes al pueblo de Dios en Puerto Rico a través de las páginas de El Visitante con motivo de la Navidad 2024.
Mons. Roberto O. González Nieves, OFM,
Arzobispo Metropolitano de San Juan, Puerto Rico
Queridos hermanos y hermanas de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico:
Ante el gozoso anuncio del nacimiento del Hijo de Dios, que con tanta alegría y esperanza celebramos hoy, nos dice San Mateo que, “De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».
Cada Navidad que celebramos es motivo para alabar a Dios por haberse encarnado y allegarse a este mundo en la pequeñez y ternura de un Niño. Un Niño que es señal de Dios, un Niño que no solo está envuelto en pañales, sino que también lo envuelve un inmenso deseo de paz a los hombres y mujeres de buena voluntad.
Hoy, esperanzados y animados en el misterio de la Navidad, pidamos a Dios que nos envuelva en su Paz, que envuelva las calles y hogares de Puerto Rico con su paz; que envuelva al pueblo haitiano, cubano, venezolano y nicaragüense con su paz. ¡Que esos deseos de paz se hagan una realidad en toda Tierra Santa, especialmente en Israel, en la Franja de Gaza, en el Líbano y, de igual manera, en Ucrania, Sudán y Siria!
¡Felicidades, que el Señor nos bendiga con su paz!
Mons. Rubén A. González Medina, CMF,
Obispo de la Diócesis de Ponce
En un mundo lleno de incertidumbre y divisiones, la navidad es una invitación a abrir las puertas de nuestro corazón para acoger a Cristo, la paz encarnada, y a construir nuestra vida sobre la roca sólida de su fidelidad.
Por eso, en esta Navidad y en el Año jubilar que estamos iniciando; el papa Francisco nos invita a vivir una espiritualidad de la gratitud, para que redescubriendo las maravillas de Dios en nuestra vida cotidiana y en los signos de los tiempos anunciemos con fuerza: ¡Cristo es nuestra Esperanza, y la esperanza no defrauda!
Mons. Alberto A. Figueroa Morales,
Obispo de la Diócesis de Arecibo
“Navidad que vuelve, tradición del año, unos van alegres y otros van llorando”. Esta canción encierra una verdad: La Navidad, como celebración o evento puramente cultural y folklórico no tiene en mismo efecto en todos. Para quien anda sobrado las navidades serán alegres, pero los pobres, “que no tienen nada”, quisieran “que nunca llegara”. En la misma línea se ubica Felipe Rodríguez con: “Los Reyes no llegaron” donde la desigualdad es vista desde la perspectiva de un niño conmovido por el desamparo de otro niño. Ambas canciones hacen una denuncia social en un País lleno de contradicciones. Tony Croatto completó este cuadro con su canción “El niño Jesús” donde, tras desenmascarar a quienes aprovechan las fiestas para divertirse, advierte que Jesús va de casa en casa, de incognito, pidiendo aguinaldo a la humanidad, es decir, compasión, cercanía, justicia, hermandad. El evangelio del día de Navidad afirma: “El Verbo se hizo carne”. Por la encarnación hemos dado un paso gigante en la dirección correcta pues “Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga dios” dijo san Atanasio. Empecemos siendo humanos unos con otros, no hay otro camino.
¡Les deseo una santa Navidad a todos!
Mons. Eusebio Ramos Morales,
Obispo de la Diócesis de Caguas
¡En Navidad, Dios nos colma de vida nueva en Jesús!
¡Felicidades y paz en Cristo Emmanuel, hermanos y hermanas, que peregrinan en la fe, la esperanza y la caridad! Celebrar la Navidad es llenarnos de Jesús, abriéndole nuestros corazones para que nos renueve con su oferta de vida, y broten en nosotros los mejores sentimientos y los mayores esfuerzos para construir una mejor sociedad, en la paz y la justicia.
Sólo Jesús, luz del mundo, puede iluminarnos en nuestras tinieblas y despertarnos de las cegueras e indiferencias humanas. En la Navidad nace el Emmanuel, el Hijo de Dios en la tierra y en la historia, para que nos hagamos hijos del Padre y seamos hermanos. Así, todos podemos cuidarnos, dar vida y trabajar juntos para un forjar un mundo más fraterno y solidario.
La Navidad anuncia también el Año Nuevo y el inicio de un nuevo tiempo para arrancar con sueños renovados y proyectos de vida más transformadores. Los hombres nuevos y las mujeres nuevas pueden transformar la sociedad, colmados de fe, esperanza y caridad. Cuando se suceden tantas violencias y guerras, cuando hay personas que se sienten atrapadas en esclavitudes y egoísmos placenteros, y cuando muchos sufren injusticias y marginaciones, los cristianos, los que abrazan al Mesías, Dios-con-nosotros, no pueden permanecer ciegos e indiferentes. La luz del Mesías, la ternura del Dios que se encarna, y la fuerza de su Espíritu, nos ponen en marcha como a los pastores de Belén, para trazar nuevos caminos de paz y de justicia, de perdón y misericordia, de alegría y comunión fraterna.
Escuchemos al papa Francisco y abracemos el Jubileo de la Esperanza, que comienza. Es una llamada a fortalecernos en ese caminar de renovación y madurez espiritual para que vivamos con mayor conciencia cristiana la dinámica social y eclesial, y que la esperanza siempre esté presente en nuestros corazones.
¡Qué en el 2025, la esperanza reviva en nuestro pueblo puertorriqueño y nos llene de alegría para seguir, siempre, hacia adelante! ¡Felicidades en Cristo Jesús, Dios-con-nosotros!
Mons. Ángel Luis Ríos Matos,
Obispo de la Diócesis de Mayagüez
¡En esta Navidad celebramos con gozo que Jesús es nuestra Esperanza! Su nacimiento trajo luz al mundo, una luz que nos guía en medio de las dificultades y nos llena de paz y amor verdadero, porque la esperanza no defrauda. Recordemos que en el humilde pesebre nació El Salvador, quien nos invita a renovar nuestra fe, a amar al prójimo y a compartir su mensaje de redención.
Que este tiempo de Navidad sea una oportunidad para abrir nuestros corazones, reconciliarnos y vivir con alegría la promesa de salvación que Jesús nos ofrece. Así como la estrella guio a los Reyes Magos, permitamos que Cristo sea nuestra guía en cada paso que demos.
¡Que el amor y la esperanza de Jesús llenen sus hogares y familias! Desde la Diócesis de Mayagüez les deseamos una Navidad llena de bendiciones y un Año Nuevo lleno de fe y propósito en Él.
Mons. Luis Miranda Rivera, O. Carm,
Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao
Queridos hermanos y hermanas:
En este tiempo de Navidad, celebremos con gozo el nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo, luz verdadera que ilumina toda oscuridad. Este acontecimiento nos invita a renovar nuestra fe y a abrir nuestros corazones al amor infinito de Dios, que se hace presente en el rostro de un niño.
La Navidad nos llama a ser testigos vivos de la esperanza y la paz que brotan del pesebre de Belén. Que este mensaje de amor transforme nuestras familias, comunidades y parroquias, llevándonos a vivir en solidaridad y servicio con los más necesitados.
Pidamos al Niño Jesús que nos conceda la gracia de ser instrumentos de su luz en el mundo. Les bendigo con afecto, deseándoles una Navidad llena de alegría, fe y amor en Cristo. Que Nuestra Señora del Carmen les cubra con su santo escapulario,
Mons. Tomás G. González González,
Obispo Auxiliar de San Juan de Puerto Rico
Viene a nuestro encuentro
Que bien nos hace recordar grandes encuentros que hemos tenido en nuestras vidas, ya sea con familiares, amistades, conocidos. Uno agradece esos momentos, la bendición que han sido o fueron tantas personas en nuestras vidas. Personas que nos criaron, educaron, ayudaron, corrigieron, nos amaron e incluso nos perdonaron por nuestros errores. Bien nos hace reconocer como en la divina providencia esas personas han sido un don de Dios para nosotros y tenemos una deuda con ellos difícil de saldar. Hasta celebramos estos momentos. Ahora, en esta Navidad llena de esperanza, hacemos memoria y celebramos el gran acontecimiento que ha posibilitado tantos benditos encuentros en la vida de tantas personas. Hacemos memoria y celebramos el nacimiento del Hijo de Dios Padre e Hijo de María, Inmaculadamente concebida. Y todo esto por ti y por mí. Ante un nacimiento, pequeño o grande que tengamos en nuestras casas, centros de trabajo, capillas o parroquias, contemplemos este gran misterio del encuentro del Hijo con la humanidad. Dios nos conceda silencio y gratitud llena de esperanza. Ha venido a mi encuentro y su voluntad amorosa no tiene fin. Que la Virgen María y San José intercedan por nosotros para que también seamos portadores de esta buena noticia y portadores de la esperanza por donde vivamos. Feliz Navidad desde San Juan de Puerto Rico.


