Queridos hermanos,
En este año jubilar, la Iglesia, como Madre y Maestra, desea otorgarnos un caudal inmenso de gracias para nuestra propia salvación y santificación del mundo entero. Estas gracias se derramarán sobre nuestras almas en la medida de la fe, esperanza y confianza filial en nuestro Padre Dios. Esta es una oportunidad gratuita en que se puede recibir hasta dos indulgencias plenarias diariamente (una personalmente y otra por las almas del purgatorio) con tal de cumplir con los requisitos siguientes: confesar y comulgar debidamente; aborrecer los propios pecados intensamente; pedir según, las normas establecidas, por las intenciones del Santo Padre rezando el “Credo” y el “Padre Nuestro”.
Para definir mejor qué es una indulgencia plenaria cumplimos con lo siguiente: en la confesión cuando hemos pecado se borra la “culpa” pero no la “pena” que se puede borrar con penitencias y oración. La indulgencia plenaria nos permite recibir la purificación completa de nuestras culpas y penas, santificando así nuestras vidas por el Espíritu Santo y el don de la Iglesia. Solo se puede aplicar la indulgencia plenaria por uno mismo o las almas del purgatorio. No se puede aplicar a los vivos. Es la mayor caridad por un alma purgante porque es abrirle la puerta al Paraíso.
Es por esta razón que nuestro obispo Mons. Alberto Figueroa, ha asignado varios lugares de peregrinación para beneficio de todo aquel que quiera lucrar la indulgencia en un lugar más cercano para ello, incluyendo nuestro Monasterio “Madre de Dios”. Invitamos a cuantos deseen recibirla en este año jubilar. Para cuantos vengan con esta intención como peregrinos de esperanza.
A todos nuestros amigos, familiares y bienhechores y por cuantos se encomiendan a nuestra oración, les invitamos a aprovechar este momento de gracia desbordante sobre nuestras almas, la Iglesia y que alcance al mundo entero.



