Por Fray Roberto Colon OFM Cap
En el curso en el que participo, surgió este tema al hablar de la pobreza. Al revisar noticias tanto de Puerto Rico como del extranjero, me pareció relevante comentarlo. En un mundo con crecientes desigualdades, crisis ambientales y una economía global que favorece a unos pocos en detrimento de los más vulnerables, el Papa Francisco ha propuesto un modelo económico revolucionario: la economía de Francisco. Este modelo se basa en la dignidad humana, la solidaridad y la sostenibilidad. En sus encíclicas y discursos, el Pontífice ha expresado su preocupación por un sistema económico que realmente sirva a todos, en especial a los más pobres y excluidos.
Francisco ha sido contundente en su crítica al neoliberalismo, que antepone el lucro y la competencia desmedida a las necesidades humanas. En Laudato si, denuncia cómo este sistema ha llevado a la explotación excesiva de los recursos naturales y a la marginalización de millones de personas. No solo es insostenible, sino que destruye el tejido social y amenaza el futuro de las próximas generaciones.
La economía de Francisco promueve un enfoque distinto: una economía basada en el bienestar común y no en la codicia. Su modelo pone a las personas en el centro, priorizando a los más vulnerables para garantizar que todos tengan una vida digna. En vez de la lógica de “más es mejor”, promueve una visión que prioriza el cuidado de la persona, la familia y la comunidad sobre el beneficio individual.
El Papa ha enfatizado que el desarrollo económico debe ser un vehículo para la justicia social. La desigualdad y la exclusión no son solo problemas económicos, sino también éticos. Francisco nos llama a construir un sistema en el que todos tengan acceso a recursos esenciales como trabajo digno, educación, salud y un entorno seguro y saludable.
Para él, la justicia social no es opcional, sino una exigencia fundamental de la fe cristiana. La economía debe funcionar como un bien común que promueva la equidad, donde no solo unos pocos prosperen, sino que todos tengan la oportunidad de hacerlo. En este sentido, los gobiernos deben comprender que su responsabilidad no es solo generar crecimiento, sino asegurar que los frutos de ese crecimiento lleguen a todos, especialmente a los más necesitados.
Además, la economía de Francisco está estrechamente vinculada con el cuidado del medio ambiente. En Laudato si, el Papa nos advierte sobre la devastación de nuestra casa común debido a la sobreexplotación de recursos y el cambio climático. Su modelo económico es respetuoso con la creación y propone una economía circular, que usa los recursos de manera responsable, minimiza el desperdicio y fomenta la sostenibilidad. El bienestar humano no puede lograrse a costa de la destrucción del planeta; la economía debe integrar el respeto por la naturaleza como un principio central.
En Fratelli Tutti, el Papa llama a la fraternidad universal y la amistad social. En un mundo marcado por el individualismo y la polarización, Francisco exhorta a construir un sistema económico basado en la cooperación y la unidad, en vez de la división y el egoísmo. La economía debe fomentar relaciones de fraternidad entre los pueblos, construyendo puentes en lugar de muros.
Esta fraternidad no es solo un ideal, sino una necesidad urgente para la paz y la estabilidad global. Los países con mayor poder económico deben ser conscientes de su papel en la construcción de un futuro más justo y solidario. La economía de Francisco promueve un mundo donde todos, sin importar su origen o condición, puedan vivir con dignidad.
Es tiempo de que los gobiernos se inspiren en esta visión y trabajen por un mundo más justo, sostenible y solidario. Esto implica cambiar nuestra concepción del desarrollo y la gestión de los recursos. Se deben implementar políticas que favorezcan a los más vulnerables, promuevan la justicia social, protejan el medio ambiente e integren la ética en las decisiones económicas.
Los gobiernos deben colaborar con empresas, organizaciones sociales y ciudadanos para establecer un modelo económico inclusivo. Es urgente invertir en educación, salud, empleo digno y la lucha contra la pobreza. También es crucial adoptar políticas ambientales que protejan la creación para las futuras generaciones.
La economía de Francisco no es solo una propuesta para la Iglesia, sino un llamado universal a transformar nuestra sociedad. Es una oportunidad para cambiar la historia. El Papa nos invita a trascender los intereses particulares y a trabajar juntos por el bien común, construyendo una economía más humana, solidaria y respetuosa con el medio ambiente.
Si los gobiernos adoptan esta visión, podríamos estar al umbral de un futuro más justo, donde la fraternidad, la paz y la dignidad humana sean los pilares de una nueva economía global. La economía de Francisco no es solo una opción, es el camino hacia un mundo mejor. Es responsabilidad de todos, gobiernos y ciudadanos, hacerla realidad.



