¿Has pensado ser un Apóstol de la Divina Misericordia? Solo necesitas fe y confianza. En el mundo que nos ha tocado vivir, solo agarrados de la mano de Jesús de la Divina Misericordia es posible caminar con paz y sosiego. La Divina Misericordia de la cual tanto se habla en el Antiguo y Nuevo Testamento va tocando nuestros corazones ya que nos permite ver un Jesús humano, desprendido en su amor, pero sobre todo en sabiduría y conocimiento para con sus Hijos (as): “Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable, no te desanimes por los obstáculos que encuentras proclamando Mi misericordia. Estas dificultades que te hieren tan dolorosamente son necesarias para tu santificación y para demostrar que esta obra es Mía (Diario 1142). De hecho, en el Antiguo Testamento, es más palpable cuando Jesús andaba en búsqueda de sus 12 sucesores: “Escuché estas palabras: En el Antiguo Testamento enviaba a los profetas con truenos a Mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso (Diario 1588)”.
Es por eso, que cuando Jesús va identificando quienes serían su grupo selecto de sus 12 Apóstoles que diseminarían su Evangelio con un mensaje de amor y misericordia; estos Apóstoles eran como tú y yo. Jesús no tenía preferencias, ni una lista de cotejo rigurosa, solo tenía un amor demasiado grande por ti y por mi para que fuéramos su Rostro en la Tierra. Amor que desea que llevemos a través de obras hacia nuestro prójimo, siempre que podamos a través de la fe y la obra. Porque sin fe, no hay obra. Cada vez, que hacemos una obra es servir en nombre y para la Gloria de Jesús. “Hoy escuché en el alma una voz: Oh, si los pecadores conocieran Mi misericordia no perecería un número tan grande de ellos. Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a Mí, habla de Mi gran misericordia (Diario 1396)”.
Ser Apóstol de la Divina Misericordia es una bendición y gracia muy especial que conlleva tener una comunión muy íntima con Jesús. A través de la gracia y la sabiduría del Espíritu Santo, como apóstol somos testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo, desde antes de nosotros nacer. Desde el inicio de su revelador ministerio público, Jesús eligió a unos hombres con diferentes cualidades, profesiones, actitudes, maneras de pensar, pasados y familias; pero tenían algo en común: le dieron el sí y su compromiso a Jesús, le seguían con deferencia siendo buenos alumnos, ya que en un futuro serían la base fundamental sobre donde Jesús edificaría su propia Iglesia. A veces, no le entendían, pero le seguían: “Mi Espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta a todo el mundo (Diario 438)”.
Esto fue un gesto de humildad y fe pura, hombres que los hace partícipes la misión evangelizadora de Jesús: “Habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos (Diario 848). Cuando hacemos un recuento de lo que ocurrió, lo que desató esta acción de Misericordia Evangelizadora fue la fe y el sí de cada uno de ellos, aun cuando algunos no se sentían dignos de ser parte de los seguidores selectos y amados de Jesús: “Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno (Diario 378)”. Nosotros tenemos el pasaporte de la Misericordia y somos legítimos ante sus ojos.
¿Piensan ustedes que nos han tocado la puerta a nosotros y no sabemos qué hacer? En todo momento nos pasa porque en nuestra humanidad limitada cuestionamos y racionalizamos la fe y los llamados únicos que Jesús nos revela en su insondable Misericordia. Solo necesitamos entender que Él está más que al tanto de lo que nosotros pensamos de nuestras vidas y que el propósito que Él nos ponga en nuestras manos va a ser apoyado siempre por Él que es el Príncipe de la Misericordia, por María que es la Reina de la Reina de la Misericordia, por Santa Faustina que fue la primera Apóstol de la Divina Misericordia y del Milenio y por el Espíritu Santo para llevarle más alma bajo la luz de sus Rayos. ¿Qué más podemos pedir? ¿Cómo llevamos este hermoso mensaje de la expiación de nuestros pecados y del mundo entero?: “Escribe sobre Mi bondad lo que te venga a la cabeza. Contesté: Pero, Señor, ¿si escribo demasiado? Y el Señor me respondió: Hija Mía, aunque hablaras todas las lenguas de los hombres y de los ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino que glorificarías Mi bondad, Mi misericordia insondable, apenas en una pequeña parte (Diario 1605).
En ocasiones, no nos damos cuenta de que Jesús nos está llamando fuertemente para que seamos esos Apóstoles y no sabemos por dónde comenzar. Convirtiéndonos en emisarios, así como la misma Santa Faustina que se le fue dictado la máspreciada joya evangelizadora:” El Diario de Santa Faustina Kowalska “: “Habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos (Diario 848). Desde la eternidad, ya Dios nos escogió con un hermoso propósito para su Reino, en nuestro albedrío y tocados por el Espíritu Santo, nos toca alinear nuestros planes y deseos con los de Él.
Dios no improvisó en ningún momento, cuando nos envió a su propio Hijo hablarnos del amor, salvación, misericordia y paz. Quienes tienen un llamado apostólico en sus vidas sirven a Dios en las primeras líneas de Su Reino, enfrentando desafíos duros y dificultades que van más allá de lo que otros podrían enfrentar. Estas personas deben abrirse camino sin miedo y hacer incursiones significativas en el territorio del enemigo: “El espíritu maligno (…) [se me presentó bajo la forma de fantasma y este] fantasma me dijo: No reces por los pecadores, sino por ti misma, porque serás condenada. Sin hacer caso alguno a Satanás, continuaba rezando con doble fervor por los pecadores. El espíritu maligno gritó de rabia: “Oh, si tuviera poder sobre ti, y desapareció. Conocí que mi sufrimiento y mi oración tenían atado a Satanás y liberaron a muchas almas de sus garras (Diario 1465)”.
La Devoción de la Divina Misericordia en Cayey hace eco en este mes de octubre, tan especial de la Conmemoración de Santa Faustina. Celebramos como laicos este hermoso día como Santa Faustina lo merecía por todos los favores y oraciones contestados. Celebramos una Misa Especial y resaltamos todos los elementos de esta hermosa devoción, acompañado de un hermoso mensaje de reflexión y contemplación en donde nos invita a extender la mano y nuestro corazón a las almas más necesitadas, sirviendo como Apóstol de la Divina Misericordia de Jesús. ¡No olviden que la Misericordia de Jesús no tiene límites! ¡Santa Faustina ruega por nosotros!
Dra. Maricelly Santiago Ortiz



