El Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, Arzobispo de La Habana, Cuba, conversó con El Visitante sobre su vocación, su experiencia durante el CAM6 Puerto Rico 2024 y cómo se vive la fe, la esperanza, la caridad y la sinodalidad en suelo cubano. Sus expresiones se dan en el marco del CAM6, del cual participó y se lleva una grata experiencia.
Jonrones para Dios
Sobre la llamada que Dios le hizo al ministerio sacerdotal recordó que “mi vocación no es de libros”. Cuando era monaguillo, su mamá le insistía que “no quería que fuera cura”. Su párroco le preguntó que si quería ser sacerdote a lo que contestó: “A mí lo que me gusta es ser pelotero”. Le dijo que en el seminario había campos de pelota. Fue y aconteció una “genialidad del Espíritu Santo”. “Casi inmediatamente me di cuenta de que aquello no era para jugar pelota. Entonces entendí que Dios quería que metiera jonrones de fe, esperanza y caridad; y que ponchara al diablo con la ayuda del equipo de la Iglesia”, aseguró.
Ve y anuncia
Su escudo episcopal versa ve y anuncia el Evangelio. A la interrogante de cómo se ejerce ese mandato en circunstancias adversas, sostuvo lo siguiente. “Los últimos versículos del Evangelio de San Mateo dicen, vallan, anuncien, enseñen, bauticen, sean testigos. Le tengo una gran admiración a aquellos primeros misioneros de Europa que vinieron en barcos de vela a la América, fueron valientes y llegaron. Lo primero es ir a donde Dios envía, luego de llegar anunciar el kerigma; a Cristo muerto y resucitado. Como resucitó, sabemos que hay esperanza”, especificó el prelado cubano.
Por ello, dijo que este mundo no se arregla criticando, sino “con el testimonio de fe y servicio al prójimo; se arregla enseñando al prójimo: testimonio, enseñanza, corrección fraterna y obras de misericordia espirituales y corporales”. Un testimonio que ofreció es el de la mayoría de las iglesias cubanas que, ante la necesidad, dan de comer… “No es mucho lo que se da, pero se da un buen plato de comida para los que necesitan. No se hace todos los días porque al final somos una iglesia pobre y débil, pero, ese signo es distintivo. Y muchos sacerdotes consiguen medicinas para los pobres”, confesó el Cardenal Juan de la Caridad.
Sinodalidad
A la pregunta de las prioridades pastorales ante las dificultades de los cubanos y cómo viven la sinodalidad, contestó que la Iglesia cubana tiene un plan pastoral que se ha estudiado, reflexionado y resumido desde la sinodalidad. Priorizó en que la iglesia sea un cuerpo unido. “Estamos en ese camino de crear una gran fraternidad y un gran amor que no solo se reduzca a los de la Iglesia, sino que toque a todas las personas con la fe, esperanza y caridad.
Un deseo extraordinario…
Continuó el Cardenal: “En Cuba hay una gran bendición ahora. Hay un deseo de Dios extraordinario. Hace años la gente decía no creemos en Dios, decían mi dios es Fidel Castro, la gente decía Dios no me interesa. Ciertamente había un rechazo significativo. Pero ahora, hay un deseo de Dios extraordinario. Todos quieren bendiciones, quieren acercarse a la Iglesia, es verdad que no conocen el Catecismo y la fe. Pero, el deseo está y las puertas del corazón están abiertas. Como en todos los países de Latinoamérica, la Virgen de la Caridad es algo muy presente en el pueblo cubano. Puede ser que te encuentres a alguien que te diga no creo en Dios pero sí creo en la Virgen de la Caridad. Al final, la Virgen es la madre que une a los hijos, es la Virgen del amor, la paz. La devoción de la Virgen se mantuvo y se mantiene -hoy- con mucha más devoción”.
Por lo antes dicho, insistió que el sacerdote, la monja y el laico “tienen que estar” muy presentes con el pueblo. Con voz contrita, aceptó: “Es verdad que mucha gente se va, dolorosamente algunos sacerdotes se han ido”. Resumió que para la Iglesia se trata de “estar, encarnarnos, es hacernos presentes”. Solo así “podemos anunciar el Evangelio, enseñar catecismo, llorar con los que lloran, sufrir con los que sufren, llenar de esperanza a aquellos que están angustiados, dolidos y desesperados por todas las situaciones que vivimos”.
Esperanza: Ancla y siembra
Con palabras sencillas, el Cardenal habló de la esperanza en el marco del jubileo que se simboliza con un ancla. Articuló el Cardenal sobre el testimonio de esperanza que irradia la Iglesia cubana ante toda adversidad con 500 años de fe e historia: “Esperanza es el ancla de Dios, estamos anclados en el Padre el Hijo y el Espíritu Santo. Estamos anclados en el testimonio de los santos y en la devoción a la Virgen de la Caridad. Anclados nos llenamos de ilusiones, esperanzas y ánimos”.
Jesucristo nos ha dicho que estará con nosotros hasta el último día. Nuestra esperanza está fundada en Jesucristo que nos invita a sembrar, a permanecer y a seguir sirviendo como individuo, como familia, como Iglesia y como pueblo. Nuestra esperanza final es que los que cantamos en el templo, cantemos en el cielo. Con nuestras propias fuerzas no podemos, pero con la gracia del Espíritu Santo sí”.
CAM6 es contagiar
Sostuvo el Cardenal que regresa a su tierra natal llevándose del CAM6 lo siguiente: “Me llevo del CAM6 la alegría vivida, vista, manifestada con los cantos, en la fraternidad, con los que han dado los temas y conferencias. Es una riqueza extraordinaria. Lo bueno se cuenta. Por supuesto, mi misión y la de todos los participantes es contagiar con esta alegría de ir, de enseñar y de hacer Iglesia”.



