Hay varias etapas o pasos en el proceso de canonización y así proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios reconociendo nuestra Iglesia el poder del Espíritu de santidad.

Estos son: la fama de Santidad; el ejercicios de las virtudes cristianas en grado heroico; y aún supuestos la fama de santidad y el ejercicio heroico de las virtudes cristianas, se descarta toda posibilidad de haber algún obstáculo que impida la introducción y continuación de la causa. Todos los Siervos de Dios deben recibir de Roma el nihil obstat, la declaración de que no hay “nada reprochable” acerca de ellos en las actas vaticanas.

Virtudes cristianas en grado heroico

Cuando ya se está aceptada la causa de canonización, el Tribunal Diocesano está llamado a evaluar la forma en que el Siervo de Dios, ha vivido sus virtudes, tanto teologales como cardinales, ya que debe asegurarse que lo han hecho en grado heroico. Se prepara la Positio, se envía a la Congregación de la Causa de los Santos en la Ciudad del Vaticano en Roma y ellos la reparten a un número de teólogos.

En esta “fase diocesana” para la “Causa de la Canonización de Carlos Manuel”, en el interrogatorio a los 38 testigos se les formularon unas 214 preguntas para auscultar, y constatar entre otras cosas, sobre la vida, virtudes y fama de santidad de Carlos Manuel a tenor con las legislaciones para la causa de los Santos.

Reflexionemos en la pregunta núm. 91 – ¿Explique usted si Carlos Rodríguez realizó todas las virtudes tanto teologales, como cardinales y morales en grado heroico? Veamos ahora el testimonio (página núm. 967 de la Positio) de Carmen Deli Santana, también conocida por Deli S. de Aguiló (QDEP) según lo redactara el 8 de diciembre del 1990 adelantándose así a la posibilidad de ser llamada a testificar como en efecto sucedió posteriormente el 29 de abril de 1993.

Sobre fe

El Siervo de Dios ejercitó y desarrolló el espíritu de fe sobrenatural a través de todas las etapas de su vida. Esto se manifestaba en todas sus acciones cotidianas: su celo por la gloria de Dios lo llevaba a estudiar constantemente para poder llevar fielmente el mensaje evangélico a todas las almas. El amor de su vida fue siempre Cristo, al cual consideraba su amigo, y este amor lo llevaba a rechazar el pecado en todas sus formas y a un deseo inmenso de perfección. Fue siempre fiel y obediente al magisterio de la Iglesia, esposa de Cristo. Para mantener y conservar ese espíritu de fe, el Siervo de Dios era muy fiel en la práctica de la oración mental, meditación de la palabra de Dios y de los misterios de la fe. Rezaba también diariamente el Oficio Divino, de lo cual derivaba un gusto envidiable y el cual nos enseñó a rezar (Brevario para los fieles). La Liturgia era su vida y solía explicar los sacramentos en forma extremadamente clara y profunda. En muchas ocasiones, a pesar de tener tanto y tanto trabajo, lo veía hacer visitas al Santísimo con una devoción profunda.  También leía mucho la vida de los santos.

A mi entender, nunca tuvo falta de espíritu de fe, ni aun en los momentos difíciles de su vida, que fueron muchos, ni al momento de la muerte. A pesar de todas sus dificultades, no sólo las físicas, sino las faltas de comprensión que tuvo que soportar de parte de amigos, familiares y religiosos, su fe fue inconmovible. Considero que ejercitó en todo momento la fe sobrenatural en grado heroico.   

Sobre esperanza

Como ya he mencionado la vida del siervo de Dios era la Liturgia y muy especialmente la celebración de la Vigilia Pascual. Su vida estaba centrada en el Misterio Pascual y su esperanza era la Parusía. El se consideraba un pecador, pero creía firmemente que Cristo había dado Su vida por él y que, al ser así redimido, gozaría de la Visión Beatífica cuando llegara su propia pascua, o paso de esta vida a la eternidad. La sencillez de su vida demostraba que los valores cristianos estaban para él por encima de cualquier otra cosa.

En las postrimerías de su vida, aun cuando estaba pasando por “la noche oscura de la fe”, reaccionaba cuando su hermano le recitaba el Pregón Pascual, indicio de que tenía la esperanza de la Parusía. Nunca vi en él algo que fuera contrario a la virtud de la esperanza

Sobre caridad para con Dios

El siervo de Dios brilló de modo especialísimo por su amor a Dios. Su afán era amar a Dios y que todos los hombres amaran a Dios como él. Constantemente hablaba de Dios, de Cristo, de su Iglesia, de la Gracia, de los Sacramentos, y sobre todo de la Pascua y la Parusía.   

En un mensaje del Día de Todos los Santos, el Papa Francisco, lo dijo así: “Ser Santo no es un privilegio para unos cuantos, como si alguien tuviera una herencia mayor; en el bautismo, todos tenemos la herencia de poder convertirnos en santos”.

El Concilio Vaticano II, Lumen Gentium40, nos recuerda nuestra vocación universal: “Por consiguiente, todoslos fieles cristianos, en cualquier condición de vida, de oficio o de circunstancias, y precisamente por medio de todo eso, se podrán santificar de día en día, con tal de recibirlo todo con fe de la mano del Padre Celestial, con tal de cooperar con la voluntad divina, manifestando a todos, incluso en el servicio temporal, la caridad con que Dios amó al mundo”.

Pablo E. Negroni

Diócesis de Arecibo

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