Desde enero de 2026 he participado de los talleres de formación de Verano Misionero. Este fin de semana, del 13 al 15 de marzo de 2026, tuve la oportunidad de vivir mi primera experiencia misionera en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Caguas, Puerto Rico.
El sábado, 14 de marzo de 2026 tuve la bendición de visitar la Comunidad Clavijo y la Comunidad Sánchez del Barrio Beatriz, junto con mis hermanos misioneros y hermanos líderes de las comunidades. Al culminar el visiteo, todos los misioneros, el equipo y la comunidad parroquial participamos de la Exposición al Santísimo en la Capilla María Madre de Dios, justo en la primera comunidad donde comenzó mi misión.
Mientras contemplaba a Jesús Sacramentado, decidí hacerme las siguientes preguntas y, a su vez, contestarlas desde lo más profundo de mi corazón:
Para mí, ¿qué es la misión?
Para mí, luego de mi primera experiencia misionera, la misión es más allá de servir, también es recibir. También comprendí que la misión es comunicar a Jesús muerto y resucitado, causa de salvación.
Jamieliz, ¿qué aprendiste de la misión?
De la misión aprendí que cuando hay miedo, solo debo pedir ayuda.
De la misión aprendí que cuando no hay organización, ahí es cuando el Espíritu Santo obra para poner al servicio de Dios nuestros dones y talentos.
De la misión aprendí que no tengo que llevar nada material, “mientras menos, mejor”. Solo tuve que llevar un corazón dispuesto, oídos atentos a la escucha, mis brazos para abrazar cuando no hay palabras y las lágrimas están de sobra, a comunicarme y comprender a mi hermano en Cristo, aún cuando haya diferencias, a buscar refugio en la Palabra de Dios contra el viento y la lluvia, a compartir el agua, la comida, el paraguas, mi presencia y, sobre todo, mis risas y alegrías.
De la misión aprendí que mis oraciones no son perfectas, pero sí genuinas, y que hacerlas en comunidad puede sanarnos desde lo cotidiano y llevarnos a la santidad.
De la misión aprendí que no importa cómo, todos podemos llegar al necesitado, porque en él también se encuentra Jesús. Aunque el cansancio se note, no tengamos esperanzas y asumamos que no habrá nadie, siempre estará el Espíritu Santo esperándonos en esa puerta.
Aprendí que no existe limitación para llevar la Palabra de Dios, que, con mis gestos de amor, hablando sobre el Amor, es mi verdadera misión.
¡Gracias a la Santísima Trinidad, a Santa María y a San José, a mi Ángel de la Guarda, a Santa Teresita del Niño Jesús y a San Francisco Javier por acompañarme en la misión!



