EL SANTO MATRIMONIO

El libro del Génesis nos presenta el conocidísimo relato de la creación de la mujer, como compañera del hombre y colaboradora de Dios en la creación de la humanidad.

Hoy comenzamos un ciclo de lecturas de la Carta a los Hebreos, en la que el misterioso autor nos hablará de la grandeza de Jesús, más grande que Moisés y que supera a los ángeles.

El Evangelio de San Marcos nos presenta las bases del matrimonio cristiano, visto desde la perspectiva del mismísimo Jesucristo.

Habiendo terminado las reflexiones sobre la Carta de Santiago, ahora la Santa Madre Iglesia quiere que reflexionemos sobre esta carta, de autor desconocido, escrita en el más bello griego, supuestamente dirigida a los hebreos, por las temáticas que toca: la Carta a los Hebreos.  En esta carta, el misterioso autor nos habla de la naturaleza de Jesucristo, su mesianismo tal y como Jesucristo quiere que lo entendiéramos, y será la base para nuestra fe de que Jesucristo es sacerdote y rey, como Melquisedec.  Hoy el Autor nos quiere decir que Jesucristo es mayor que Moisés y que su muerte ha sido nuestra salvación.

El matrimonio es, para muchos, una institución arcaica.  Los ideólogos del género nos dicen que el sexo es una mera construcción de la sociedad, que no existe realmente hombre y mujer, sino que uno es lo que uno se siente que es, y que el matrimonio es una mera construcción patriarcal.  ¿NO se dan cuenta que la mismísima base de la humanidad es la diferenciación  entre hombre y mujer, como la diferenciación macho-hembra es lo que garantiza la continuidad de cualquier especie animal?  Me acuerdo de un documental de una especie de ave de una isla del Pacífico, la huia (Heteralocha acutirostris) que la llevaron a la extinción.  El último sobreviviente era un macho al cual se le oía su canto por toda la isla, tratando de conseguir una hembra, hasta que su canto se extinguió y, con él, la especie.  

Desde el mismísimo libro del Génesis, la Sagrada Revelación nos habla de la diferenciación de los animales en machos y hembras, como bases para la continuación de la especie.  Pero en el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, esta diferenciación va más allá de lo biológico.  Nosotros somos hijos de Dios, llamados a la eternidad a través de su Hijo Jesucristo, y la forma establecida por Dios para que la humanidad “crezca y se multiplique” es a través de esa unión hombre/mujer, un tándem insustituible, un tándem hermoso.  (Yo no sé ustedes, pero para mí, que hermosa se ve una pareja, ya sea una pareja de jóvenes novios que se aman hasta una pareja de viejitos que llegan a la iglesia tomados de la mano).  

​Para Dios, esta relación hombre-mujer es tan sagrada, que la tomó como la mejor metáfora de su relación con nosotros.  En el Antiguo Testamento el hombre-esposo reflejaba a Dios y la mujer-esposa al pueblo de Israel, y en el Nuevo Testamento el hombre-novio-esposo refleja a Cristo, y la mujer-novia-esposa la Iglesia; Jesucristo se llama a sí mismo el novio y el cielo no es otra cosa que las fiestas nupciales del novio Jesucristo con su novia la Iglesia.  Por eso, y haciendo un paréntesis, el sacerdocio está reservado a los hombres, entre otras razones, porque el sacerdote representa a Jesucristo, el novio de la Iglesia.

Es por esta sacralidad, que el matrimonio es indisoluble: lo dice el mismo Cristo.  Dado que el amor del Padre por la humanidad y el de Jesucristo por la Iglesia es eterno y fiel, el amor del hombre a su mujer ha de ser de esa manera.  Y de la misma manera que la Iglesia está abierta a la vida de la gracia, la mujer es la dadora de la vida.  Esto no es ideología, esto es ciencia y fe unidas.  Por eso el matrimonio es santo.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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