Llegamos al Adviento, camino de espera, vigilancia y alegría profunda. Este año, tiene un brillo singular: coincide con la clausura del Jubileo de la Esperanza, un tiempo de gracia que ha encendido nuestros corazones, ha renovado nuestra fe y ha fortalecido nuestra misión pastoral.
En este contexto jubilar, resuena con fuerza hoy la voz profética de Juan el Bautista:“Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.Su llamado directo y luminoso nos recuerda que el Adviento no es solo un tiempo de espera pasiva, sino un momento decisivo para la conversión del corazón, para despertar la fe y para disponernos a recibir al Señor que viene.
El Jubileo de la Esperanza ha sido para nosotros luz en medio del cansancio, consuelo en nuestras heridas y fuerza en nuestra misión de ser discípulos misioneros. Y ahora, al cerrar este camino jubilar, el Señor vuelve a decirnos:“Levanten la cabeza, porque se acerca su liberación”.
Este Adviento nos invita a volver a lo esencial, a lo que verdaderamente enciende el corazón y fortalece la misión:Orar, porque la oración abre los ojos del alma y despierta el fuego de la esperanza.Escuchar, porque solo quien escucha la voz de Dios puede discernir su voluntad. Salir al encuentro, porque la misión nace de un corazón encendido por Cristo que viene.
A las puertas del Año Mariano Jubilar, nuestra súplica se eleva con humildad y confianza:“Señor, enséñanos a orar”. Que esta oración marque el inicio del ano jubilar Mariano que vamos a celebrar en Puerto Rico, para que la plegaria se convierta en llama viva que ilumine nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades.
Este Adviento, que se cierra en la plenitud del Jubileo de la Esperanza, nos impulsa a:Encender el corazón, dejándonos purificar por el Espíritu que prepara nuestros caminos para acoger a Cristo.Fortalecer la misión, viviendo nuestra fe con mayor entrega, compromiso, solidaridad y servicio.Abrirnos a un nuevo comienzo, donde el Jubileo no termina, sino que se convierte en un estilo de vida para toda la Iglesia: en nuestras parroquias, comunidades, escuelas y familias.
Que la esperanza renovada en este Jubileo nos impulse a caminar con valentía hacia el futuro, confiando plenamente en la Providencia de Dios.Y que Santa María, Madre de la Esperanza y de la Providencia, nos acompañe a recibir al Señor que viene y nos enseñe a vivir un Adviento que transforme la vida, encienda el corazón y fortalezca nuestra misión.



