Autora: Dra. Maricelly Santiago Ortiz
Abandonarse a los pies de Jesús completamente y sin duda alguna es un paso gigante en la vida de un laico. Los pasos grandes en nuestra vida interior, requieren de un compromiso de fe y voluntad propia. En definitiva, la Cuaresma es un gran espacio de tiempo para dar dicho paso.
De la misma manera que Jesús confió en el Padre para completar su propósito en la Tierra a través de la Pascua y de su Resurrección, debemos recordar ese gran gesto de amor y misericordia para comprometernos acoger la confianza como un signo profundo y espiritual en nuestras vidas.
Sin confianza, no hay abandono. La falta de confianza anula el camino de nuestra Redención. La confianza lo es todo y es un símbolo de mucho poder cuando estamos transitando caminos de transformación. Para adquirir esa confianza espiritual, debemos empezar rompiendo con todo los que nos aleja de Jesús,del pecado y nos impide avanzar.
Todos avanzamos hacia diferentes vertientes y en distintas velocidades, por eso debemos tenernos paciencia y ser misericordiosos con nosotros mismos. Ya que el tomar la decisión de transformarnos suele ser un proceso exigente, pero llevaderos si apuntamos hacia la fe.
La fe y la confianza se vuelven en motores principales en la Cuaresma. Las comparo a ambas como el curso que da inicio a ese manantial de agua refrescante para dar nuestros nuevos pasos y que permite que recibamos la fuerza en el espíritu para seguir adelante y ser recipientes de los pequeños milagros con los que Jesús nos bendice.
Te invito a que sigamos siendo esa agua fresca para limpiar
nuestro pasado, ira, heridas, miedos, decepciones y fragilidades para así poder hacer espacio para las nuevas virtudes que Jesús desea que inspiren a otros y a nosotros mismos. En su amor por la salvación de nuestra alma, Jesús permite que nos salpiquemos del agua que Él le ofreció a la mujer samaritana.
Date la oportunidad en este tiempo litúrgico, de abandonarte en completa fe y confianza. Para Jesús no hay nada imposible y Él se encargará de proveer misericordia, sosiego, dirección y paz en tu camino de transformación espiritual. Recuerda que Jesús puede transformar tus caminos más difíciles en los testimonios de vida más impactantes. ¡Comienza por ti! ¡Jesús en ti confío!



