En el quehacer diario de un semanario, las noticias ocupan el primer plano. Se redactan titulares, se editan textos, se revisan imágenes y se cierran ediciones contra el reloj. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar a quienes, silenciosamente, hacen posible que cada página llegue a las manos del lector. Personas que no siempre firman artículos ni aparecen en fotografías, pero cuya entrega sostiene la misión informativa día tras día.
Esta semana, El Visitante de Puerto Rico se ha visto profundamente conmovido por la partida de una de esas personas: María de los Ángeles Montilla, a quien cariñosamente llamábamos Mayi. Por más de 45 años, Mayi fue parte viva de esta casa. Su historia es también la historia del periódico: desde los tiempos en que se recortaban y pegaban las noticias a mano, hasta la transformación digital que hoy vivimos.
Mayi trabajó junto a cinco directores y atravesó cambios tecnológicos, administrativos y editoriales, siempre con la misma disposición: servir. Aportó tanto en la redacción como en la administración, y lo hizo con una sonrisa constante, con una palabra amable y con una cercanía genuina hacia cada compañero. Preguntaba por nuestras familias, se interesaba por nuestras preocupaciones y recordaba que, detrás del trabajo, hay personas.
En una época en la que la información parece moverse a una velocidad vertiginosa, su vida nos recuerda el valor de la constancia, de la fidelidad silenciosa y del trabajo hecho con amor. El periodismo no se construye solo con noticias; se construye con vidas entregadas, con manos que sostienen procesos y con corazones que creen en una misión.
Hoy sentimos profundamente su ausencia. Pero como comunidad de fe, no nos quedamos en la tristeza. Nuestra esperanza está anclada en la certeza de que la vida no termina, sino que se transforma. Confiamos en que Mayi ha sido recibida en la casa del Padre, donde ya no hay cansancio ni dolor, sino descanso eterno.
Al despedirla, elevamos una oración que resume nuestra fe y nuestro agradecimiento:
Dale, Señor, el descanso eterno.
Y brille para ella la luz perpetua.
Que descanse en paz. Amén.
Que las almas de todos los fieles difuntos,
por la misericordia de Dios,
descansen en paz Amén.



