La música tiene el poder de llegar a todos los rincones. A través de ella, no solo el hombre puede dirigirse a Dios, sino que Dios puede llegar al hombre. Esta ha sido siempre mi convicción y es lo que, durante los últimos ocho años de mi vida, me ha movido a dedicar gran parte de mi tiempo a trabajar con coros y a animar las celebraciones litúrgicas con exquisitez musical.
Al llegar el Año Santo 2025, sentía en mi corazón que era el momento de experimentar y atreverme a retos musicales distintos, más allá de la música estrictamente litúrgica. Entre deseos y desánimos surgió la idea de concluir el Año Jubilar con un concierto. Motivado por mis amigos e inspirado por el gran compositor Hans Zimmer, nos pusimos manos a la obra y, en apenas cuatro meses, logramos organizar este proyecto. No fue solo un proyecto: fue un milagro.
Las puertas se abrieron en el pueblo de Lares. Allí, el 12 de diciembre de 2025, en el Coliseo Félix “Amiguito” Méndez Acevedo, se congregaron poco más de quinientas personas para vivir este milagro: una noche de oración y alabanza que llamamos “Concierto: Fin de Año”. Todos estábamos allí con un único propósito: alabar a Dios y darle gracias por el Año Santo 2025.
El proceso de producción comenzó con la selección del repertorio. El resultado fue un programa de dieciséis canciones, de géneros muy diversos y de distintos artistas. Entre ellos destacaron composiciones de Marco Frisina, Hakuna Group Music, Verónica Sanfilipoy Kiko Argüello, entre otros. Para hacer posible este milagro, Dios me regaló un grupo especial de voces que trabajó sin descanso durante tres meses. El Coro de la Diócesis de Arecibo, un hermoso grupo de veintiséis voces que dirijo desde hace cuatro años, asumió con entrega la parte coral del concierto.
Junto al coro se unieron nueve músicos: piano, bajo eléctrico, guitarra acústica, guitarra eléctrica, cello, viola, dos violines, trompeta, trombón y batería. A este conjunto de voces y músicos lo bauticé como P. Javier Avilés & Friends.
Durante estos meses de producción se vivieron grandes momentos de crecimiento humano y espiritual. Verdaderamente, uno reconoce que este proyecto era de Dios y que su mano estuvo con nosotros en todo momento. El milagro se dio. La satisfacción y la alegría se reflejaban en los rostros de todos los que estuvimos, durante dos horas, alabando el nombre del Señor. Desde la “Ciudad del Grito” elevamos un clamor, como dice el salmo 102: “Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti”.
Gracias daré siempre a Dios, que me regaló este grupo de amigos y nos bendijo con este proyecto. Gracias a las voces, a los músicos, al equipo de trabajo, a los invitados y voluntarios. Gracias a mi familia y a todos los que llegaron hasta allí. Juntos, todo fue posible.



