Universidad del Sagrado Corazón, 11 de octubre de 2025 – Con profunda alegría y sentido de comunidad, la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Puerto Rico (COR) celebró el Jubileo Nacional de la Vida Consagrada en la Universidad del Sagrado Corazón. La jornada, marcada por momentos de oración, reflexión y comunión, reunió a cientos de consagrados y consagradas de toda la Isla, junto a fieles laicos, sacerdotes y obispos, en un acto de renovación espiritual y compromiso eclesial.
Desde tempranas horas de la mañana, los participantes comenzaron a congregarse en los predios universitarios. A las 8:30 a.m., se dio inicio a la procesión hacia la Capilla Mayor, encabezada por representantes de diversas congregaciones religiosas, portando símbolos de sus carismas y misiones. El rito de apertura de la Puerta Santa marcó el inicio oficial del Jubileo, evocando el llamado del Papa Francisco a vivir este tiempo como una oportunidad de misericordia, reconciliación y renovación.
La Eucaristía, celebrada a las 9:00 a.m., fue presidida por Mons. Eusebio Ramos, acompañado por varios obispos y sacerdotes. En su homilía, Mons. Ramos ofreció una profunda meditación sobre el papel profético de la vida consagrada en medio de los desafíos sociales y espirituales que enfrenta Puerto Rico y el mundo. “La vida consagrada está llamada a ser signo de esperanza en ambientes hostiles, a abrazar la creación, a cuidar a los pobres y marginados, y a anunciar con valentía el Evangelio”, expresó.
El prelado destacó la importancia de mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza. “Este Jubileo no es solo una celebración, sino un llamado a redescubrir la alegría de la consagración, a vivir con intensidad el amor fraterno y a renovar nuestra entrega en medio del pueblo de Dios”, afirmó.
La homilía también abordó temas de justicia social, migración, pobreza y violencia, reconociendo el sufrimiento de muchos sectores vulnerables. Mons. Ramos exhortó a los consagrados a ser luz en medio de la oscuridad, a no perder la esperanza y a continuar siendo testigos del amor de Cristo en cada rincón del país. “La comunidad consagrada debe sanar las heridas humanas, fortalecer los vínculos comunitarios y ser presencia viva del Reino de Dios”, dijo.
Uno de los momentos más emotivos fue la proclamación de la monición de entrada, que recordó el origen y propósito del Jubileo. “Nos hemos congregado con alegría para celebrar el Jubileo Nacional de la Vida Consagrada, una manifestación viva de la Iglesia diversificada de carismas que el Espíritu Santo ha suscitado en nuestra Iglesia”, se leyó. El texto, preparado por la COR, subrayó el carácter eclesial y espiritual del evento, así como su conexión con el Magisterio y la Conferencia Episcopal.
La jornada continuó con espacios de diálogo, testimonios vocacionales, presentaciones culturales y momentos de adoración. Religiosos y religiosas compartieron sus experiencias de vida, sus desafíos y sus esperanzas, en un ambiente de fraternidad y comunión. La diversidad de carismas presentes —desde órdenes contemplativas hasta congregaciones dedicadas a la educación, la salud y el servicio social— reflejó la riqueza de la vida consagrada en Puerto Rico.
El evento también sirvió como plataforma para reafirmar el compromiso de la COR con la formación, el acompañamiento y la visibilidad de la vida consagrada en la sociedad puertorriqueña.
En palabras del P. Fausto Cruz Rosa, CMF, presidente de la COR, “este Jubileo es un signo visible de la presencia del Reino de Dios entre nosotros, y un impulso renovado para anunciar con valentía el Evangelio”.
La celebración culminó con un llamado a la acción: salir al mundo con renovada esperanza, ser presencia profética en medio de las crisis, y continuar construyendo comunidades de fe, justicia y amor. Como expresó Mons. Ramos en sus palabras finales, “tenemos un día de vida, renovemos nuestra esperanza y salgamos al mundo, a los caminos, a la unidad, a sacrificar la presencia de Dios en el tiempo”. El Jubileo de la Vida Consagrada fue, sin duda, un hito espiritual y comunitario que dejó huella en todos los participantes. En medio de los desafíos actuales, esta celebración ofreció un espacio para reencontrarse con el llamado original, para fortalecer la misión y para renovar el compromiso con el pueblo de Dios.

COR Celebra Jubileo de la Vida Consagrada
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